Muy alejada de la mujer perfecta, Ally Darling (Faris) es una chica confundida, sola, desempleada y sin nada que perder en la vida. Eso creemos, pero, el día que pierde su empleo en la agencia de marketing en la que trabajaba, Ally se encuentra para su fatalidad un artículo en una de esas revistas que siempre tienen los top ten’s y secretos más reveladores y que muchas veces son ley dentro del género femenino. En este caso se trata de una investigación de la Dra. Helen Fig (al parecer una experta en su ramo) en el que asegura que el promedio de amantes de una mujer en Estados Unidos es de 10.5. Además en el artículo asevera que “En Estados Unidos, noventa y seis por ciento de las mujeres que han estado con veinte amantes o más no pueden encontrar un marido”.
Esta enorme verdad empuja a Ally a hacer una pausa en su vida sexual, al darse cuenta de que, con un historial de diecinueve amantes, es imposible darse el lujo de superar el número y perder toda posibilidad de felicidad. Es así que Ally decide emprender el camino hacia el pasado con el fin de asegurar su futuro. A partir de una lista, ella espera encontrar de entre aquellos diecinueve hombres alguno que quizá merezca la pena de ser tratado de nuevo con la esperanza de que se convierta en el amor de su vida. ¡Ah!, por cierto, en el camino su gran aliado será Chris Evans, que durante los ciento seis minutos de película aparece casi siempre semidesnudo (tanto músculo desarrollado para Capitán Américatenía que servir de algo, ¿no?).
Ésta parecería ser la clásica comedia romántica predecible y melosa, pero nos encontramos con todo lo contrario. El debut de Anna Faris dentro del género resulta muy divertido. La cinta deja atrás el estilo Meg Ryan o Katherine Heigl en donde los personajes protagónicos femeninos sufren ante el dilema de que a pesar de ser mujeres perfectas, bondadosas y virtuosas, tienen que enfrentarse a un mundo de fracasos amorosos y desilusión en espera del príncipe azul que llegue a rescatarlas. La trama de Contando a mis Ex explora otro camino de forma muy ingeniosa, ya que Faris es la que tiene que buscar de entre todo su historial de promiscuidad al hombre que tal vez merezca otra oportunidad de redimirla. Sin embargo, en este proceso el personaje se da cuenta de que la mejor forma de conseguirlo es siendo ella misma, incluso si significa superar el número veinte.
Al final claro, tampoco se trata de perder la esencia de moral y enseñanza social de toda buena comedia romántica americana, así que como imaginamos desde que vimos el póster, Ally sí se queda con su príncipe azul, pero es un príncipe azul que no es el hombre más perfecto del mundo (a pesar de todos esos músculos irreales), ni el más exitoso, o el que su madre soñaría para asegurar el futuro de su hija, pero es el hombre que ella escoge y que dentro de todos sus defectos y cualidades, es el que la hará feliz para siempre. Aunque sí hay la clásica boda en la película, al menos no es la de Ally, sino la de su hermana perfecta que se casa con su chico exitoso. El gag final es el remate de la redención para este personaje tan ligero e ingenuo, pero muy divertido.