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FICHA TÉCNICA
Días de gracia
Días de gracia
 
México
2012
 
Director:
Everardo Gout
 
Con:
Paulina Gaitan, Dolores Heredia, Carlos Bardem
 
Guión:
Everardo Valerio Gout, David Rutsala
 
Duración:
128 min.
 

 
Días de gracia
Publicado el 12 - Abr - 2012
 
 
Días de gracia, del mexicano Everardo Gout, es un intento por estremecer (¿y hacer reflexionar?) al público a partir de la violencia que se vive en el país y, sobre todo, en el Distrito Federal. - ENFILME.COM
 
por Enrique Sánchez

Es alarmante ver que los aspectos más desafortunados de México estén adquiriendo tanto protagonismo en el cine. La violencia, el narcotráfico, los secuestros y, en general, el crimen organizado, encabezan la lista de temas predilectos que muchos cineastas nacionales e internacionales han decidido utilizar en sus obras a la hora de hablar de México. Por un lado, parece una preocupación legítima que ha dado pie a la reflexión. Por el otro, y aquí es donde deben prenderse los focos rojos, se usa el malestar del país como si la violencia y la polémica fueran a garantizar el éxito de una película. Ya antes vimos cómo la Época de Oro del Cine Mexicano se encargó de difundir alrededor del mundo los estereotipos con los que comenzarían a identificarnos fuera del país: sombreros, sarapes, mariachis, tequila. La comedia ranchera y su culto al macho pusieron una etiqueta casi indeleble en la mente de los extranjeros sobre su manera de vernos. Esta imagen no ha desaparecido por completo, pero sin duda se ha alterado, de manera que ante los ojos de quienes nos ven desde afuera, el estereotipo ha cambiado de charro a narcotraficante, secuestrador o asaltante. Basta recordar películas como Érase una vez en México (2003) o La Mexicana (2001), en donde los mexicanos brotan con armas automáticas de entre las calles de San Miguel de Allende y San Luis Potosí para tratar de asesinar a los protagonistas (héroes estadounidenses, por supuesto).

 

Días de gracia, del mexicano Everardo Gout, es un intento por estremecer (¿y hacer reflexionar?) al público a partir de la violencia que se vive en el país y, sobre todo, en el Distrito Federal. Gout hace del país un personaje con una personalidad decadente. El desarrollo de los personajes principales se ve opacado por la manera en que los escenarios van adquiriendo una identidad propia. Aquí no hay mariachis ni danzas folclóricas, y los lugares comunes –por lo general, paisajes naturales o, por lo menos, el Zócalo capitalino– que aparecen en la mayoría de las películas ambientadas en la ciudad, han sido reemplazados por imágenes panorámicas de Tepito, Ciudad Nezahualcóyotl y Ecatepec (zonas específicas del área metropolitana que muchos pensarían dos veces antes de visitar). Conforme avanza la historia, la tensión se va acumulando en los distintos escenarios hasta que llega un momento en que resulta difícil ver lo que sucede en pantalla sin pensar con temor en algún ser querido.

 

La cinta ubica al espectador en un lugar hostil como ninguno: un lugar donde la corrupción termina por contaminar el alma de las personas que se acercan demasiado a mirar al abismo, y cualquiera puede caer en él. Narrada a través de los acontecimientos que rodean a las Copas Mundiales de fútbol del 2002, 2006 y 2010, Días de gracia cuenta la historia del oficial Esparza (Huerta), un poderoso elemento de la policía que no teme rebasar los límites de la ley para hacer justicia. El título tiene su origen en una plática entre Esparza y su comandante (Sefami), en donde se explica un fenómeno curioso: durante los días en que se lleva a cabo el Mundial, el crimen baja la guardia, y a esta época el comandante le llama “días de gracia”. No importa si el dato es falso o verdadero; en un país como México –que exalta el fútbol más que cualquier expresión artística y cultural–, suena bastante lógico.

 

Las interrogantes más importantes se plantean con la transformación progresiva del personaje de Huerta, en un papel de justiciero indómito que realiza tácticas tan extremas –y efectivas sólo en apariencia– que, con frecuencia, se asemejan lamentablemente a las utilizadas por los delincuentes que combate. La reputación de Esparza como policía rudo e incorruptible lo conduce a una batalla sangrienta contra el crimen organizado, en donde correrá el peligro de perder más de lo que está dispuesto a sacrificar. En verdad es un personaje difícil de juzgar en primera instancia, pero éste es uno de los aciertos del filme. Esparza es un hombre con ideales de justicia que rara vez se encuentran en una persona (ya no digamos en un elemento de la policía), y esto le da un tono trágico al personaje, pues su pelea parece imposible de ganar. Su familia, trabajo e integridad, son aspectos de su vida que están en juego frente a la amenaza de la realidad que combate; toda su vida corre el peligro de perderse entre las calles sin salida de los barrios a donde pretende llevar la justicia. ¿Qué es lo que nos quiere decir Gout con esto?, ¿que no hay manera de ganarle al crimen? Hay que dar el crédito que se merece a Huerta por su interpretación, quien durante cinco meses entrenó hombro con hombro –y de manera encubierta– con elementos de la Academia de Policía de Ecatepec. El resultado es un personaje que se mueve, habla y se ve como uno de tantos policías del país (como cualquier ejército, nuestro Cuerpo de Policía es una gigantesca masa de hombres que, muy a la manera de los Stormtroopers de Star Wars, parece estar conformada por clones).

 

En la escena inicial vemos a Esparza golpeando a dos niños y apuntándoles con su pistola para alejarlos del mal camino. Eso es lo que él piensa que está haciendo. En algún momento aparece su familia, a quienes ha descuidado por entablar una lucha feroz contra el crimen. A pesar de esto, es fácil que se gane la simpatía del público, y que incluso las personas lo lleguen a ver como un héroe, ya que todos estamos conscientes de la ineficiencia del sistema de justicia en México (de vez en cuando, sería bueno ver que alguien rompiera las reglas con tal de vencer a los malos). Es posible que con esta cinta muchos se acuerden de Hombre en llamas (2004), de Tony Scott, en donde un enfurecido guardaespaldas interpretado por Denzel Washington le rompe la cara a quien se interpone en su camino –al estilo Bruce Willis en Duro de Matar (1988)– para encontrar a una pequeña que ha sido secuestrada. Días de gracia triunfa sobre muchos aspectos en los que Hombre en llamas sólo hace el ridículo (en una escena, el guardaespaldas vengador le inserta una bomba por el recto a un judicial y lo hace explotar en la avenida Eje Central). Por otro lado, también hay fallas importantes en la cinta de Gout.

 

Construida a partir de una serie de escenas que combinan drama, suspenso y acción, Días de gracia muestra un retrato crudo de la difícil realidad que muchos mexicanos viven día con día a manos de criminales. Todos los personajes –ya sean víctimas, criminales o policías– son intimidados constantemente, y ésta es precisamente una de las sensaciones que la historia transmite al público. La película cautiva en un principio, pero el ritmo con el que se desarrolla aumenta de manera desmesurada. Hay momentos en los que se vuelve un alarde visual, lleno de adornos y parafernalia que amenazan con distanciar al público de los personajes y sus conflictos, y aunque algunas de estas imágenes son refinadas y atractivas (como la recreación visual de los secuestradores que la víctima hace en su mente a partir de las voces de cada uno de ellos), uno pierde fácilmente las dimensiones del relato; se tiene, de manera constante, la necesidad de algún tipo de intervalo para poder digerir todo lo que sucede. Por ejemplo, una escena en donde la policía llega a una casa en la que se encuentra secuestrado un hombre. Uno piensa que la víctima será rescatada, pero pronto la secuencia se vuelve un caos en donde se intercalan los acontecimientos en esa casa durante fechas distintas. Lo que parecía un rescate en el presente, resulta ser un acontecimiento del pasado, y sólo hasta el final de la escena se explica someramente lo que acabamos de presenciar. La justificación aparente de Gout ante este tipo de enredos es el giro final de la película. Para sustentarlo, el director evita ser explícito con algunos detalles de la historia y se inclina por la ambigüedad en escenas como ésta, que confunden al espectador de manera innecesaria.

 

Sin duda, el último acto es sorpresivo, pero también expone los descuidos de Gout con respecto al personaje de la víctima (Bardem). La historia del secuestro comienza de manera impactante, con planos subjetivos y una voz en off que nos ubican en la mente de la víctima y nos hacen sus cómplices en el infierno que vive. Su rostro permanece oculto, al igual que el del líder de los secuestradores, y esta técnica funciona en un principio para crear una sensación de suspenso constante, pero muy pronto esta parte de la trama se vuelve tediosa y predecible, al centrarse en la relación de la víctima con el más joven de los secuestradores: un chico apasionado por el fútbol al que llaman “Iguana” (Ferrer). Al final, la sorpresa del tercer acto no justifica las omisiones, adornos y artimañas narrativas un tanto forzadas.

 

Días de gracia es una película que comenta, critica y –para los que no han perdido la fe y el optimismo– se inclina por la redención tanto de víctimas como de victimarios. El mensaje final de la cinta parece un poco forzado, y quizás la razón detrás de esto sea el tono moralista (que, por desgracia, se veía venir) con que cierra el epílogo. Y es que si hay algo que la película reitera antes de ese epílogo, es que México es un país en donde todos debemos escoger un bando, y es un hecho que el bando de los justos está perdiendo.

 
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