Reseña, crítica Drive: el escape - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Drive
Drive: el escape
 
EE.UU.
2011
 
Director:
Nicolas Winding Refn
 
Con:
Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston
 
Guión:
Hossein Amini, James Sallis
 
Duración:
100 min.
 

 
Drive: el escape
Publicado el 11 - Dic - 2011
 
 
Drive juega con dos clases de narrativas. Una pasiva, con escenas en donde los personajes solo se contemplan, en las que pareciera que no pasa nada, mientras que la acción se desarrolla dentro de sus psiques. La otra, dinámica y llena de acción, con secuencias de persecución en automóviles y mucha, mucha violencia. Ambas oscilan en un ritmo constante que acelera frenéticamente por momentos y en otros se relaja para prácticamente detener el tiempo (pongan especial atención a la escena del elevador). - ENFILME.COM
 

Por Martín Rodríguez García (@Chukunu)

Él no carga tu pistola. Él solo maneja. Tienes cinco minutos de tiempo para concluir el atraco. Si te pasas, entonces te quedas sin hombre al volante y tienes que huir por tu cuenta. Policías persiguen a ladrones. De manera exitosa, Driver (Gosling), un hombre que ronda los treinta años de edad, sereno en todo momento, logra cumplir con su misión. Solo, regresa a casa y, al no encontrar algo que lo distraiga, vuelve inmediatamente a su auto, a conducir guiado por el despliegue de iluminación urbana de las calles de Los Ángeles. Ahí va nuestro héroe, del que no sabemos nada.

Drive juega con dos clases de narrativas. Una pasiva, con escenas en donde los personajes solo se contemplan, en las que pareciera que no pasa nada, mientras que la acción se desarrolla dentro de sus psiques. La otra, dinámica y llena de acción, con secuencias de persecución en automóviles y mucha, mucha violencia. Ambas oscilan en un ritmo constante que acelera frenéticamente por momentos y en otros se relaja para prácticamente detener el tiempo (pongan especial atención a la escena del elevador). El telón de fondo es un mundo de gángsters, en el que la humillación y la violencia están a la orden del día. La estética ochentera es acompañada de beats que nos remontan a esa época, a pesar de ser canciones producidas en los últimos dos años (de Kavinsky & Lovefoxxx, The Chromatics, et al.); del diseño de vestuario resalta un icónico blazer de satín con un escorpión en la espalda, que casi siempre viste Driver, nuestro personaje principal (nunca nadie lo llama por su nombre, solo se refieren a él así, como el conductor o the kid, quien está a punto de embarcarse en una misión de vida o muerte.

Antes, conoce a Irene (Mulligan) y a su hijo Benicio (Leos), que despiertan en él la parte más tierna de su instinto protector. A ambos los procura y ayuda cada que se le presenta una oportunidad. La atracción flota en el aire, pero ella está casada. ¿Dónde está él?, pregunta Driver. Está en prisión, responde Irene. Su relación se sostiene sobre todo con expresiones, debido a que ambos actores decidieron eliminar varios de los diálogos de sus personajes en el guión, argumentando que su relación se volvía más compleja e interesante si jugaban con la mirada y los silencios, lo que en la película se traduce en varios de los momentos de calma antes de la tormenta. La vulnerablilidad que muestra Carey Mulligan fue lo que convenció al director Nicolas Winding Refn de contratarla, faltando solo dos semanas para el rodaje. Su esposa y su mamá la habían visto en An Education (2009) y les pareció que Mulligan era muy buena. “A ti me dan ganas de protegerte” dijo Winding Refn al conocer a la actriz inglesa, protagonista también de Never Let Me Go (2010).

Shannon (Cranston) es el mentor y único amigo de Driver. Es él quien le consigue los trabajos en el mundo del hampa, pero también le consigue labor como doble de riesgo en películas. Ambos trabajan en un taller de automóviles. Bernie Rose, interpretado con estoicismo por Albert Brooks, es un mafioso tranquilo y contenido, con una energía que en cualquier momento podría explotar. Él proporciona el dinero para financiar la compra y el arreglo de un carro que sea capaz de competir en la Fórmula 1. Shannon supervisa, Bernie invierte, Driver maneja: un win win para todos. Standard (Isaac), el esposo de Irene, sale de la cárcel y como todo ex-reo con un pasado turbio, aún tiene cuentas por saldar, pero al parecer no es capaz de resolverlas él solo, y afortunada –o desafortunadamente– Driver se da cuenta de su incapacidad.

Driver es excelente en lo que hace. Intenta hacer todo de manera perfecta. En su modus operandi no hay espacio para los errores, por eso cuando se ve en medio de una situación provocada por uno de ellos, explota. Su código moral es ley para su forma de vida. Este “deber ser” se convierte en una melancolía por la imposibilidad de relacionarse con Irene de otra manera. Driver tiene que actuar bajo sus reglas, no puede hacer ninguna excepción ni dejar cabos sueltos. Está dispuesto a arriesgar su vida con tal de proteger la de los demás y cumplir fielmente con la que él cree que es su misión. Esta construcción del protagonista hace una referencia clara a los dos personajes principales de Heat (1995) de Michael Mann. DeNiro y Pacino interpretan a un ladrón y un policía respectivamente, que están comprometidos con lo que hacen y llevan su obligación al máximo, sin importar lo que tengan que sacrificar. Lo mismo sucede con Anton Chigurh (Javier Bardem) en No Country for Old Men (2007). Todos son hombres con un código moral al que se aferran, porque confían plenamente en que eso es lo correcto y es lo que los mantiene vivos. Una herencia de los personajes en los westerns de Sergio Leone.

 

Los Ángeles, ciudad predilecta del director Michael Mann (recordemos también Collateral, 2004), es usada como el gran escenario en Drive. La narrativa de Winding Refn se mueve entre planos aéreos muy abiertos, en donde apreciamos el centro de la ciudad y los autos que circulan en las calles por las noches, y planos cerrados, que nos muestran tensión y palabras ahogadas en los rostros de los personajes, tenedores, cuchillos y cabezas estallando. Hay una decisión deliberada por parte del director de mostrar la violencia, combinada siempre con las expresiones de aquel que la perpetra (o del que la sufre), lo que nos acerca más a la idea del dolor y el sufrimiento, evitando que la sangre sea una manifestación de morbo. La prueba clara es la secuencia del último enfrentamiento, en donde elegantemente la cámara nos muestra la brutalidad del momento encuadrando las sombras de los implicados en la pelea. Para este punto ya conocemos los excesos de crueldad, ya podemos sentir el calvario de los personajes sin necesidad de ver de manera gráfica la violencia. Para la elaboración de algunas de las secuencias más violentas, el realizador y Ryan Gosling, que además de tener el personaje principal en Drive, fue quien impulsó a los productores de elegir a Winding Refn como director después de ver su película Valhalla Rising (2009), le pidieron consejos a Gaspar Noé, director de la controversial Irreversible (2002).

Drive es un cuento de hadas contemporáneo, aderezado con atardeceres naranjas, persecuciones al volante, armas y mucha sangre. Winding Refn explica su película como el recorrido de un hombre común y corriente que se convierte en superhéroe, capaz de enfrentar cualquier problema y comprometido con el bienestar de los que le importan, sin importar el costo de lo que implica realizar para lograrlo, sin temor al sacrificio. Al final, el camino siempre sigue. Y lo que hay que hacer lo explica muy bien Anthony Lane en su reseña a Drive en The New Yorker, “above all, whether you’re in charge of a horse or an Impala, ride hard“ (por sobre todo, sin importar si estás al mando de un caballo o un Impala, viaja a toda velocidad).

 
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