Reseña, crítica El cisne negro - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Black Swan
El cisne negro
 
EE.UU.
2010
 
Director:
Darren Aronofsky
 
Con:
Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel
 
Duración:
108 min.
 

 
El cisne negro
Publicado el 28 - Ene - 2010
 
 
En contexto, no resulta tan sorprendente que este antagonismo entre forma y contenido sea parte fundamental del misterio que encanta del más reciente trabajo de Darren Aronofsky. - ENFILME.COM
 
por Sofia Ochoa Rodríguez

Un reflejo que perturba

Resulta un tanto irónico que la búsqueda de la perfección de la protagonista de El cisne negro (2010) se lleve a cabo de una manera tan imperfecta. Habría que explicar: Natalie Portman interpreta a la virtuosa y rígida bailarina Nina Sayers de manera excelsa, sin duda, da la actuación de su vida –lo cual, en su caso, es mucho decir. A pesar de su interpretación, no logra lo que su personaje sí hace, bailar de manera sublime (y no hay reclamos al respecto, diez meses no hacen lo que más de diez años de entrenamiento). Si comparamos a Portman bailando en pantalla, sus movimientos torpes, sus piernas pesadas, sus manos robóticas con la sutileza de Polina Seminova, por mencionar a alguna primera bailarina, se va de bruces. Sin embargo, y aquí la contradicción, aunque sus carencias se ven, no sólo se pasan por alto sino que funcionan.

En contexto, no resulta tan sorprendente que este antagonismo entre forma y contenido sea parte fundamental del misterio que encanta del más reciente trabajo de Darren Aronofsky. Parece una constante el imponerse dificultades físicas que se resuelven con el tono y el ritmo de las actuaciones, los movimientos de cámara y esa vertiginosa travesía interior de Nina. La zona limítrofe entre la forma y el contenido, entre el cuerpo y el temple, ese resquicio turbio donde lo que vemos se conecta con lo que intuimos, con nuestros deseos y nuestras incógnitas, es donde se acomoda El cisne negro y de donde se alimenta el horror que la envuelve. ¿Qué no, justo ahí, germina la locura?

El cisne negro no puede encasillarse en ningún género. No es un musical, aunque la estridente adaptación a cargo de Clint Mansell de la obra clásica de Tchaikovski, El lago de los cisnes, resuene con la misma constancia con la que vemos a gente bailando: casi todo el tiempo. No es una película de horror, aunque los clichés del género estén ahí: los ojos rojos de una mujer poseída, los múltiples reflejos en los espejos que siguen desacompasados su origen, incluso la escena de la mujer emergiendo perturbada de una bañera. Tampoco es una película sobre ballet (si es que esto pudiera ser considerado un género), aunque la trama esté basada en El lago de los cisnes, el personaje central sea una bailarina de ballet y recurra a todos los prejuicios sobre este mundo: la mujer aniñada eternamente vestida de rosa, la mamá celosa, los desórdenes alimenticios.

Nina es elegida por el obseso director de la compañía, el francés Thomas Leroy (a cargo de un detestable y siempre elegante Vincent Cassel), para interpretar al cisne blanco y al cisne negro. El papel del cisne blanco, que encarna la pureza y la corrección, lo domina. El del cisne negro, seductor y atrevido, la desquicia. Para enfatizar su maniqueísmo, Aronofsky utiliza figuras tan obvias como el no vestir a Nina de negro hasta el momento en que finalmente logra trazar rasgos sediciosos como los de la malévola ave. Los espacios de Leroy, su oficina, su departamento, están decorados en negro. Y Lily (Kunis), esa rival, amiga y amante, además de ser morena, siempre lleva un toque de negro. La naturaleza insegura de Nina, la ambigüedad que la trastorna, se encuentra entre estos dos colores, así de simple y de evidente.

A pesar de su didactismo, El cisne negro se inserta de manera perversa en el filo entre la vida y el arte. Es imposible no pensar en Darren Aronofsky seduciendo a Natalie Portman para protagonizar su película de bajo presupuesto, filmada de manera fugaz, en 16 mm., para la que tendría que entrenar hasta el hartazgo y adelgazar hasta los huesos a base de almendras y lechugas, cuando vemos al personaje de Vincent Cassel presionar hasta las lágrimas a esa empequeñecida y enclenque bailarina. Los valores de femineidad del siglo XIX que encarnaba Odette, el cisne encantado en el ballet original, son cuestionados y transformados psicóticamente en una versión pervertida de la mujer del siglo XXI para la que el éxito, la belleza y la seducción son los pilares de su individualidad. En el mundo del ballet la masificación es una condena al anonimato. Para sobresalir, la interpretación del arte no es suficiente. Nina desciende hacia su propio infierno para ascender transformada en un cautivador e inolvidable cisne negro. Se sumerge hacia los límites de la disciplina, el esfuerzo, la belleza y la muerte para acercarse a la perfección. Lo más cruel y perturbador es que mientras nosotros los mortales vamos al cine, ella, tan frágil, lo consigue.

 
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