Reseña, crítica El libro de la vida - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
The Book Of Life
El libro de la vida
 
Estados Unidos
2014
 
Director:
Jorge R. Gutiérrez
 
Con:
Diego Luna, Zoe Saldana, Channing Tatum, Ron Perlman, Christina Applegate, Ice Cube, Kate del Castillo
 
Guión:
Jorge R. Gutiérrez, Douglas Langdale
 
Edición:
Steven Liu, Ahren Shaw
 
Música
Gustavo Santaolalla
 
Duración:
95 min.
 

 
El libro de la vida
Publicado el 14 - Oct - 2014
 
 
  • Reseña: Jorge R. Gutiérrez demuestra que está consciente de a quién va dirigida su cinta, los niños de Estados Unidos.  - ENFILME.COM
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por Julio Enrique Macossay

Ve la Entrevista con Diego Luna y Kate del Castillo hablando de El libro de la vida

Escucha aquí el soundtrack de El libro de la vida.

Los egresados del CalArts (California Institute of the Arts) han tenido desde hace unos años el monopolio de las caricaturas de la pantalla chica norteamericana; series noventeras como El laboratorio de Dexter (1996-2003) y Adventure Time (2010-Presente) han sido creadas por egresados de esta institución, por citar solo un par de casos conocidos. Otro ejemplo es el mexicano Jorge R. Gutiérrez quien se dio a conocer en el mundo de la animación con la serie televisivaEl Tigre: Las aventuras de Manny Rivera (2007-2008), transmitida por Nickelodeon, una mexicanización de las historias de superhéroes protagonizada por el personaje homónimo. Ahora ha dado el salto al séptimo arte con El libro de la vida y con Guillermo del Toro como productor, después de que Gutiérrez le hubiera presentado unos años atrás la idea que tenía sobre una versión del mito órfico protagonizada por un torero. Del Toro lo aceptó porque “lo peor que la está pasando a las películas es que se están uniformando en un solo sabor. Esto tiene identidad. Tiene la posibilidad de ser universal porque es muy particular. Estamos creando un platillo con un mundo de sabor, con un delicioso mole, chile, chocolate y cacahuates. De otra manera lo que terminas es con cátsup”. Definitivamente esta película no es cátsup, pero los espectadores que hayan visto El Tigre sentirán que están probando una nueva versión de un viejo platillo, como un burrito tradicional, porque en más de un sentido se puede afirmar que, creativamente hablando, este filme es una extensión de dicha serie de televisión.

Esto es notorio a primera vista por la manera en que lo mexicano es representado. El director demuestra que está consciente de a quién va dirigida su cinta, los niños de Estados Unidos, y por ello el México que vemos es el del imaginario estadounidense con todos los estereotipos que esto implica: los personajes masculinos tienen sombreros charros y mostachos que serían la envidia de Emiliano Zapata —hasta el país en el mapa tiene un gran bigote—, también hay monjas, un pueblo rodeado de desierto, bandidos, mariachis, serenatas, corridas de toros, guitarras, Adelitas, churros, la celebración del Día de Muertos, bandidos mexicanos, luchadores, calaveras y hasta el “Cielito Lindo” se escucha en algún momento. Todo esto, ubicado en un pueblo llamado San Ángel, el cual, y no de manera aleatoria, está en un lago y tiene un puente que lo une con el desierto que los extranjeros esperan siempre ver en México. Desde el principio nos da a entender el porqué de esta caracterización estereotípica de lo mexicano utilizando un recurso no del todo usual en las películas animadas: el de la metaficción. La historia principal está enmarcada por un relato superior sobre unos niños estadounidenses; no se dice explícitamente que lo sean, pero sus facciones, la arquitectura del lugar en el que están, el autobús que los transporta a su destino y, en el caso de la versión original, su idioma –un inglés sin acentos–, indican que ése es el caso. Estos niños llegan a un museo donde son recibidos por una guía que les muestra el libro que le da nombre a la cinta y lo utiliza para contarles la trama principal. Es posible interpretar este marco inicial como una alusión directa al público al que va dirigido, aunque también tiene dos funciones. La primera es que sirve para que los niños hagan comentarios de vez en cuando; en otras palabras, se nos presentan algunas reflexiones, no muy profundas, sobre la trama, que podrían reflejar lo que está pasando por la mente de los espectadores. La segunda es que permite justificar el estilo artístico de la cinta, ya que en la historia principal los personajes se ven como si fueran títeres de madera, lo cual es un elemento que nos recuerda constantemente que estamos ante una suerte de cuento de hadas sobre México.

 

Spoiler alert

Es inevitable que quien haya visto el capítulo “The Grave Escape” de El Tigre sienta un cierto déjà vu con este filme. Ese episodio es un especial de Día de Muertos en el que el protagonista era enviado al inframundo por un villano. Allí debía buscar a sus antepasados (cada uno representaba un momento histórico distinto de México), no sólo para saber qué hacer de su vida, sino para que lo ayudaran a regresar al mundo de los vivos para evitar que su pueblo fuera destruido, porque si así sucedía, no quedaría nadie en la tierra que los recordara. Una vez que logra volver a su terruño, sus antepasados aparecen para ayudarlo a derrotar al enemigo. Esta sinopsis puede también aplicarse a El libro de la vida, puesto que con algunos pequeños cambios, en el momento climático, básicamente ocurre lo mismo, sólo que a esta trama la aderezaron con elementos de otros relatos, pero ajustados en función de la representación de lo mexicano, según las percepciones de nuestros vecinos del norte.

Fin del spoiler

 

Entre los añadidos al capítulo de El Tigre están las deidades que remiten al Libro de Job, solo que en lugar de ser Dios y el Diablo, aquí se convierten en la Catrina y en Xibalba; este último, en la cultura maya, era un reino del inframundo en el que los mortales iban a ser humillados y asesinados, y no un dios como en la película. Está también el tópico de la rivalidad por una mujer entre dos amigos: Manolo, el hijo de un torero, y Joaquín, el hijo de un héroe defensor de los desprotegidos, que crecen para tomar caminos distintos que los llevarán a enfrentarse. Se incluye una órfica historia del descenso al inframundo en busca del ser amado, que aquí se convierte en un viaje a la Tierra de los Recordados, imaginada como una fiesta eterna habitada por calaveras, que son una cruza de las de azúcar con las de Guadalupe Posada. Su contraparte es la Tierra de los Olvidados, un nivel del inframundo triste y gris adonde se han ido todas las personas que no tienen alguien que las recuerde sobre la faz; en otras palabras, Gutiérrez y su coguionista, Douglas Langdale (Colorín, colorado, este cuento no ha acabado, 2006), refuerzan el culto mexicano a los muertos con la idea de que ellos nos visitan el 2 de noviembre siempre y cuando los sigamos recordando, y que este vínculo con ellos hace su “no vida” eternamente feliz. Asimismo se ha incluido una apuesta contra el diablo para recuperar algo: en este caso se trata de una corrida de toros hiperbólica para reestablecer una injusticia cometida por el mismo Xilbalba. Al final aparece el clásico tópico de las cintas western de la defensa del pueblo de un grupo de malvados y feos bandidos, que se explica porque en el imaginario estadounidense, México y el Viejo Oeste están ligados. La prueba de esto es el bandido mexicano, que es un personaje tipo de estas cintas, como se puede notar en la clásica Los siete magníficos (1960), y también por la existencia del subgénero conocido como Zapata Western ambientado en la Revolución Mexicana como es el caso de Compañeros (1970), de Sergio CorbucciGiù la testa (1971) de Sergio Leone, o hasta cierto punto The Wild Bunch (1969) de  Sam Peckinpah.

El tema central (aparte del arraigo a los antepasados), impartido a manera de lección para los niños, es otro elemento que Gutiérrez retoma de su serie televisiva. El de El Tigre era elegir tu propio camino y no convertirte en lo que los demás esperan que seas. Éste es uno de los temas centrales y se refuerza a través de los tres protagonistas. Joaquín y Manolo viven a las sombras de sus padres, un gran héroe y un torero, respectivamente, por lo que la cinta mostrará sus intentos por forjar su propia historia. Por otra parte, María es la personificación de este tema porque rompe con las expectativas que los demás tienen de ella: ella es inatamente rebelde, tan valiente y aguerrida como los protagonistas, tan hábil con la espada como ellos y más instruida, intelectualmente hablando, además de que se niega a que su destino sea convertirse en la típica esposa encargada de cocinar y hacer las tareas del hogar, a diferencia del resto de las mujeres que viven en el pueblo. María no funciona como la tradicional dama raptada que se debe rescatar. Por el contrario, ella responde a una tendencia en los filmes modernos animados que hemos visto en cintas como Enredados o Frozen: la dama fuerte que es tan capaz como los protagonistas masculinos. Aunque esta personalidad moderna, por llamarla de algún modo, acaba imbuida (contradictoriamente) en la trama de la lucha entre hombres para conquistarla. Es el trofeo, pues.

Ligado al tema de la independencia y la confianza, está el de los miedos internos que a final de cuentas pueden acabar con uno mismo de manera más eficaz que cualquier monstruo o bandido. Joaquín y Manolo tienen el constante temor de no estar a la altura de sus progenitores, pero pronto se nos revela que para ellos es mayor el temor a perder a sus seres queridos.

 

Spoiler alert

Precisamente, cuando confrontan esta ‘flaqueza’ de su personalidad, dejan de frenar las acciones que los sacarán adelante y, por el contrario, cada uno demuestra que está dispuesto a sacrificar su vida por sus amigos y por su propio pueblo, por algo que los trascienda, en la pelea contra el más temido de los malvados, El Chacal. Incluso, si lo reflexionamos, todas las acciones de Xibalba están dictadas por su miedo a estar toda la eternidad en la Tierra de los Olvidados, y no se deben a que él sea inherentemente malo, como otros villanos de cintas animadas; por el contrario, está buscando que seamos empáticos con él y por ello que seamos conscientes de que algunos actos aparentemente malos tienen una razón de ser.

Fin de Spoiler

 

Revisando los aspectos mas técnicos, tanto la animación como el soundtrack destacan, aunque por razones distintas. En el aspecto visual estamos ante una cinta más en CGI y que usa el 3D, hoy un requisito de las grandes producciones de Hollywood. Lo que la separa del montón es que El libro de la vida priorizó que la animación fuera de la más alta calidad. Esto queda claro en el barroquismo con el que personajes y lugares han sido decorados. Un objeto que en otra cinta podría ser un mero accesorio, como el sombrero de la Catrina, aquí es un recurso de identidad. Este artículo en específico fue llenado de motivos del Día de Muertos, con colocación de calaveras de azúcar colgando de los lados, hasta velas, flores de cempaxúchitl y más calaveras en la copa; juntos asemejan una ofrenda en la cabeza de esta autoridad femenina. La máxima expresión de esta entrega al detalle es La Tierra de los Recordados: cada edificio fue diseñado para que tuviera una personalidad; además, el uso de colores brillantes y el abuso de diseños de calaveras en esta ciudad, hace inevitable pensar en uno de los recursos típicos del barroco; es decir, el horror vacui, que básicamente es no dejar ni un espacio en blanco.

Por otra parte, la música llama la atención, aunque por las razones equivocadas. Como ocurre en muchas cintas animadas, esta película es un musical; las canciones llevan la trama pero más que como recurso, como elemento de marketing. Tomando en cuenta que está ambientada en México, lo que se esperaría serían canciones que sonaran mexicanas o covers de canciones mexicanas, pero esto no pasó por las mentes del argentino Gustavo Santaolalla y el estadounidense Paul Williams, los asesores musicales. Ellos eligieron, en su mayoría, covers tropicalizados de canciones muy conocidas a las que destriparon de su esencia para hacerlas uniformes y plásticas. El ejemplo más claro es cómo la lacerante “Creep” de Radiohead, se vuelve un tema pop, inocuo, en la voz de Diego Luna. También se escuchan “I Will Wait For You”, de Mumford & Sons, “Can’t Help Falling in Love” de Elvis Presley, “Just a Friend”, del rapero Biz Markie, e incluso hay una versión vagamente mexicanizada de “Ecstasy of Gold” de Ennio Morricone, que es una de las canciones más icónicas de El bueno, el malo y el feo (1966) de Sergio Leone. Y sí, “Cielito Lindo” no podía faltar, pero viene una versión algo operística del español, Plácido Domingo.

A finales de los setenta, el escritor Upton Sinclair envió a México a Sergei Eisenstein a filmar lo que luego se convertiría en ¡Qué viva México! (1979); una de sus razones por las que lo hizo es la afición que muchos estadounidenses han sentido ya desde entonces por nuestra cultura (que no por su gente), con su distintivo y colorido rasgo del culto a la muerte. El Día de Muertos no sólo es una de nuestra celebraciones más conocidas a nivel mundial, también es una  de las efemérides mexicanas (junto con el Cinco de Mayo y El Día de la Independencia) que los mexicoamericanos organizan cada año como una forma de mantener o recuperar las raíces de una cultura a la que ya no pertenecen del todo, y por ello lo hacen siguiendo los patrones de la cultura a la que sí pertenecen: la estadounidense. Esto sin olvidar las interpolaciones que el Halloween ha tenido en esta fiesta, sobretodo en la tradición de pedir calaverita. Además, esta cinta ha sido promocionada en Estados Unidos como un filme de Halloween, lo que deja implícito el mensaje de que lo que se muestra en ella fuera el equivalente mexicano de esa celebración sajona, lo cual no es verdad. Si a esto le sumamos el factor de que en los últimos años nuestros vecinos del norte, al hacer películas que intentan ser un homenaje sobre México, terminan siendo caricaturizaciones del país, el esquema queda completo. Un ejemplo es Nacho Libre (2006), deJared Hess (Napoleón Dinamita, 2004), que tuvo la intención de hacer una carta de amor a la tradición de la lucha libre mexicana, pero terminó siendo una parodia de este deporte. Está el caso más reciente de Casa de mi Padre (2012), de Matt Piedmont, que quiso rendir un homenaje a las telenovelas a la vez que las parodiaba, pero terminó siendo una pobre caricaturización del narcotráfico mexicano. Y tengo que decir que nosotros mismos le hemos echado leña al fuego exportando cintas como Salvando al soldado Pérez (2011), de Beto Gómez, que quiso ser una parodia de Saving Private Ryan (1998), pero con narco, y en realidad fue una muestra ideal de cómo no se hace una película sobre este tema. En otras palabras, se han estado vendiendo simplificaciones sobre nuestra cultura al mercado mundial.

Algo muy similar ocurre con los dos protagonistas en esta cinta: el torero y el soldado revolucionario son mostrados como clichés. Manolo pertenece a un linaje de famosos toreros que han muerto en la lid. Lo primero que salta con esto, como bien se sabe, es que la tauromaquia es el deporte (para muchos incluso un arte) emblemático de España, antes que de México, aunque exista un muy nutrido número de aficionados también en nuestro país; pero los estadounidenses lo han ligado como parte intrínseca de nuestras tradiciones desde hace un tiempo. La otra cuestión que llama la atención es que el protagonista se niega a matar toros, lo cual no hubiera ocurrido con alguien que en realidad es un torero, en primer lugar, y menos en el tiempo que parece desarrollarse la acción (justo después de la Revolución). Es claro que este motivo se insertó en la película para hacerla políticamente correcta y también como un mensaje moral. De ninguna forma Manolo hubiera podido ser representado como un torero que mata toros, pues vivimos en un mundo donde esta figura es altamente controversial, con detractores incluso en México y especialmente en Estados Unidos. Para Hollywood, no está mal ver cómo se matan humanos masivamente en películas de superhéroes, pero sí a un animal (al que, por cierto, se le da mucho mejor vida que a las vacas de las hamburguesas) en un deporte tradicional. Es más, no me parece aventurado pensar que si el protagonista hubiera sido mostrado como un torero de verdad, esto hubiera generado una controversia terrible porque no hubiera faltado el que señalara que se está mostrando desde un lado positivo un deporte brutal y más en una película destinada a un público infantil.

Por otra parte, en el contexto de la cinta, queda claro que Joaquín es un soldado que viste como si fuera del ejército revolucionario, al menos por el sombrero; pero también se dice que la Revolución ya ocurrió. Más allá de las incongruencias históricas, Joaquín se comporta como si fuera un superhéroe mexicano, e inclusive usa capa y es inmortal. Sólo le faltaron los calzones por fuera. Literalmente se expresa que se dedica a salvar a los inocentes de pueblo en pueblo, en lugar de servir a algún regimiento (¿un guiño a los grupos de autodefensa?). Para que el personaje apelara a la infancia estadounidense, se mexicanizó a la figura del superhéroe, pero no como un luchador, que es lo que típicamente se hace. En otras palabras, el director tomó dos figuras tipo y las modificó para insertarlas en un mercado: un soldado al que solo le faltó volar para ser Superman y un torero al que solo le faltó ser vegano para ser más políticamente correcto.

Al final no nos debe sorprender, pues, que lo que aparentemente se concibió como un homenaje a una festividad thanática y al pueblo que la practica, haya terminado siendo una caricaturización de esta misma cultura, y por ello una cinta que en la fórmula narrativa, en el diseño de los personajes, en las constantes de la lucha del bien contra el mal, en la representación del amor, en la forma en la que la musica es empleada, refuerce el estereotipo que tanto acomoda al imaginario de los estadounidenses.

 
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