Reseña, crítica El planeta de los simios: confrontación - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Dawn of the Planet of the Apes
El planeta de los simios: confrontación
 
Estados Unidos
2014
 
Director:
Matt Reeves
 
Con:
Jason Clarke, Andy Serkis, Gary Oldman, Keri Russell, Kodi Smit-McPhee
 
Guión:
Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback
 
Fotografía:
Michael Seresin
 
Edición:
William Hoy, Stan Salfas
 
Música
Michael Giacchino
 
Duración:
130 min.
 

 
El planeta de los simios: confrontación
Publicado el 25 - Jul - 2014
 
 
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
  • Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (2014). El director, Matt Reeves, deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para ?con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos? centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera, de los simios que comienzan a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Por Luis Fernando Galván (@luisfer_crimi)

Hace poco más de 40 años con el filme protagonizado por Charlton Heston, The Planet of the Apes (1968), se postuló en el cine una idea que parecía escalofriante: que debido a errores humanos, los simios los habían superado en inteligencia. Tras siete películas, el planteamiento ha continuado hasta hoy con Dawn of the Plantet of the Apes (El planeta de los simios: Confrontación, 2014), dirigida por Matt Reeves (Cloverfield, 2008; Let Me In, 2010). El joven realizador estadounidense deja de lado las exploraciones espaciales, los viajes en el tiempo, las guerras nucleares, la letal bomba Alfa-Omega y los humanos mutantes que vimos en los filmes anteriores, para –con un acertado balance dramático entre ostentosas secuencias de acción y momentos íntimos y reflexivos– centrarse en el encuentro cara a cara de dos civilizaciones: la primera (conformada por simios, orangutanes, gorilas, bonobos) que apenas comienza a establecerse como una nueva comunidad; la segunda, la humana, que busca preservar su existencia ante una posible extinción. Esta segunda parte del reboot de la ambiciosa saga producida por Arthur P. Jacobs en los sesenta y setenta, se sitúa en el cercano 2026, una década después de los acontecimientos narrados al final de Rise of the Planet of the Apes (El planeta de los simios (r)evolución, 2011). El virus ALZ-113 conocido como la gripe del simio, que fue creado en los Laboratorios Gen-Sys donde trabajaba Will Rodman (James Franco), se ha expandido aniquilando a gran parte de la población a nivel mundial.

Elaborada con imágenes de noticieros televisivos, con una edición frenética y saturada de información, la breve secuencia que acompaña los créditos iniciales  manifiesta que sólo 1 de cada 500 habitantes es inmune al virus, razón por la que (se explica, sucintamente), en San Francisco –ciudad donde todo se originó–, aún haya personas vivas. La situación es crítica: un virus mortal ha menguado la población, las funciones del gobierno han sido suspendidas, los saqueos son desesperados, hay brotes de rebeliones de inconformes y carencia de energía eléctrica, y, en general, la atmósfera es de angustia. Aunque los pocos humanos restantes sean inmunes al virus, la falta de recursos básicos los aniquilará. Las ruinas de San Francisco son, una vez más, como en Godzilla (2014), el escenario de la posible extinción humana. El espacio apocalíptico, brillantemente realizado por el diseño de producción de James Chinlund (The Avengers, 2012), muestra cómo los monumentos históricos y artísticos de la ciudad yacen tristemente derrumbados y carcomidos; la roya y musgo se esparcen en un panorama pantanoso y desahuciado, fotografiado por Michael Seresin (Angela’s Ashes, 1999) con una paleta de negros, grises y verdes obscuros.

Entre los sobrevivientes se encuentran el arquitecto Malcolm (Jason Clarke), su novia –la enfermera Ellie (Keri Russell)–, su hijo Alexander (Kodi Smit-McPhee), y el codicioso Carver (Kirk Acevedo). El pequeño grupo humano explora los territorios que están más allá de la improvisada fortaleza que ha construido Dreyfus (Gary Oldman), un exjefe de policía que ha tomado las riendas como dirigente no oficial de la población. La intención de Malcolm es recuperar el control de una presa hidroeléctrica y hacerla funcionar para proveer de energía a la ciudad. Su objetivo está ubicado en los bosques Muir, al norte de San Francisco, el “territorio simio” en el que Caesar (Andy Serkins), el chimpancé evolucionado –hijo de la mona Bright Eyes, la primera en recibir el ALZ-112, vacuna que aumentó sus habilidades mentales– decidió fundar su nuevo hogar en compañía de los suyos al final de Rise… Ahí, la primitiva aldea, conformada por chozas de  ramas y troncos, situada en una zona boscosa con abundante vegetación y lodo debido a las constantes lluvias, llena de humedad y niebla, es el punto de encuentro, y también de tensión, entre las dos especies. Los humanos se muestran conmocionados al ver que los simios han construido los cimientos de una civilización basada en la caza y la recolección y que, aún de manera arcaica, son capaces de comunicarse mediante el lenguaje de señas; pero más sorprendente es ver cómo algunos han articulado el habla. Los simios se muestran molestos al enterarse que aún existe la raza humana, pues llevaban casi diez años sin tener noticias de ellos.

A diferencia del resto, Caesar, el líder de la comunidad, fue criado en cautiverio por un hombre, y ahora se ve obligado a demostrar su superioridad y capacidad en momentos de crisis. ¿Cómo responder ante la “invasión” humana? ¿Mediante el diálogo o por la vía sanguinaria y violenta?

Malcolm y Caesar protegen sus respectivos núcleos familiares, buscan las oportunidades necesarias para el bienestar del círculo social al que cada uno pertenece, pero también creen en la posibilidad de que ambas especies pueden –quizá no convivir–, pero sí habitar el mismo planeta. No obstante, del lado humano, Dreyfus ordena el abastecimiento de armas para orquestar un posible ataque en caso de que el equipo de exploración no regrese. Y del lado simio, está Koba, que carga con la crueldad humana en sus cicatrices y que, al considerar que un buen humano es aquel que está muerto, busca imponerse como nuevo líder mediante la intimidación y la violencia. Así como el nombre del simio líder hace referencia al emperador romano Julio César y connota poder, nobleza y vulnerabilidad a la traición; el de Koba alude a la deslealtad y alevosía de Stalin, el líder ruso responsable de corromper las bases socialistas establecidas por Lenin, y que así se hacía llamar al tomar su apodo del héroe de El parricida (Alexander Kazbegi, 1882), novela que narra cómo un bandido caucasiano roba a los ricos para ayudar a los proletarios.

El virtuosismo de los efectos visuales, específicamente el de captura de movimiento –realizado por el equipo de Joe Letteri y Dan Lemmon, de WETA Effects, compañía de Peter Jackson–, consiste en hilvanar texturas en la expresión facial de Caesar que apuntan más a lo emocional que al espectáculo. La intención de crear un realismo superior al de Rise… responde a la decisión de Matt Reeves de trasladar gran parte de la producción del filme de un set de filmación a locaciones exteriores en Vancouver. A pesar de que varias escenas de Rise... también se rodaron en exteriores, en esta ocasión para Dawn…, la captura de movimiento se hizo in situ. Además, la simulación de la carne y la piel de los simios posee mayor detalle; el movimiento y consistencia de los músculos, e incluso la grasa, fueron recreados con precisión por el equipo de Letteri. Los personajes generados por computadora (CG) no son efectos especiales diseñados para distraer o asombrar al espectador en una historia plana y torpe, son una parte vital de la tragedia sobre dos sociedades fragmentadas por su naturaleza primitiva y violenta.

Aunque el guión se enfoca en los puntos de vista, motivaciones, dudas, acciones solidarias o destructivas de Caesar, Malcolm, Koba y Dreyfus, el líder simio es el personaje principal de la cinta. En Rise… fue diseñado como el héroe mítico que asume una serie de responsabilidades y transita un  camino de duda y convicción para llevarlas a cabo. Aquí, debido al desarrollo de sus talentos, y a la personificación de sus emociones producto de la traición, corrupción, venganza, entre otras, se convierte en un guerrillero que inspira a los de su especie para revelarse contra la opresión del enemigo y fundar su propio hogar. 

El espectador es confrontado por la lucha de opuestos (destrucción/construcción, asesinato/nacimiento, desconfianza/alianza, venganza/solidaridad) que permea el interior de cada una de las especies. Los ecos a las sociedades contemporáneas se reflejan en la manera en que los grupos moderados y las facciones extremas fragmentan la convivencia de una misma nación. De manera audaz Dawn… recupera un planteamiento ya representado por Jean Renoir en La grande illusion (1937): las mismas clases sociales de países diferentes pueden llegar a tener más en común que diferentes clases del mismo país.

Los filmes anteriores llegaron en momentos de tensión y miedo al interior de una atmósfera de ruptura social. El temor al uso de armas nucleares durante la Guerra Fría y los conflictos raciales en Estados Unidos son, quizá, las principales alegorías de la saga de Arthur P. Jacobs. El mensaje subyacente condenaba el racismo mediante la inversión de la relación histórica entre blancos y negros; los humanos blancos maltratados por simios negros, quienes se revelaron para convertirse en amos. Obviamente, el filme causó aún más controversia en la comunidad negra, que estaba consternada por ser comparada con una especie animal procedente de África; el filme reafirmaba la postura racista y despectiva que pretendía atacar. Por su parte, Rise… cuestionaba los problemas éticos que rodean la experimentación genética en animales para fines humanos: la madre de Caesar y luego Koba son utilizados para experimentar con una terapia de genes que le permite al cerebro crear sus propias células para autorrepararse, una posible cura para el Alzheimer.

Dawn… funciona como alegoría de dos naciones vecinas peleando por el mismo territorio; ya sea para recuperar lo que les perteneció, defender su zona o expandir su territorio. Situación que puede ejemplificarse –sin que el filme aluda concretamente a ello– con los conflictos entre Israel y Palestina, u otros que se han dado a lo largo de la historia reciente, como las batallas internas en Vietnam o las palpitantes pugnas entre las dos Coreas. Además, el osado y lúcido guión escrito por Rick Jaffa, Amanda Silver y Mark Bomback apunta hacia el control que el hombre desea ejercer sobre la naturaleza, no con un discurso proambientalista como el de Darren Aronofsky en Noah (2014), pero sí evidenciando que ese ‘control’ no se refiere a la aniquilación del medio ambiente, sino a la necesidad de alterarlo para obtener provechos (como el caso específico de la planta hidroeléctrica). Aunque la sed de venganza y el placer de la guerra no son los motores principales de la historia, el control de las armas  también es un subtexto del filme; Caesar se manifiesta en contra de la introducción de éstas a su comunidad, mientras que Koba intenta apoderarse de la zona donde los humanos las resguardan. Dawn… es una lectura sobre cómo –sin importar la especie– mientras más evoluciona y se sofistica, encuentra más vías y oportunidades para provocar su autodestrucción.

El planteamiento del filme es lo opuesto a la lucha de la buena especie contra la mala especie; el guión no opta por el camino fácil para proponer un discurso moralizante y tomar partido por algún bando. ¿Quién comenzó el conflicto? Ese no es el cuestionamiento; incluso se torna complicado identificar a los verdaderos responsables. El planteamiento radica en preguntarse: ¿hasta dónde pueden extenderse los límites de la solidaridad? ¿Debe permanecer en los márgenes de la tribu a la que se pertenece o puede ir más allá? Dawn… no sólo es un blockbuster de verano, también propone cuestionamientos aparentemente simples que se complican con otros elementos como la preservación de la especie, el bienestar de la familia, las reglas y normas de la sociedad, los principios morales o las susceptibilidades a la traición. El filme exhibe la irritación, agotamiento y aflicciones de un líder, el conflicto del hermano levantándose contra su propio hermano (tanto en humanos como en simios). Dawn… es un estudio de la violencia que explora la condición humana a través de la brújula moral que es Caesar no para mostrarnos sus traumas emocionales y físicos producto de la guerra, sino para exhibir las tribulaciones que padece un líder antes de tomar una dura decisión que marcará el destino de su comunidad.

Aquí puedes ver el 'detrás de cámaras' de El planeta de los simios: Confrontación

 
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