Reseña, crítica Everest - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Everest
Everest
 
Estados Unidos, Reino Unido, Islandia
2015
 
Director:
Baltasar Kormákur
 
Con:
Jason Clarke, Jake Gyllenhaal, Josh Brolin, Sam Worthington, Emily Watson, Keira Knightley
 
Guión:
William Nicholson, Simon Beaufoy
 
Fotografía:
Salvatore Totino
 
Edición:
Mick Audsley
 
Música
Dario Marianelli
 
Duración:
121 min.
 

 
Everest
Publicado el 16 - Sep - 2015
 
 
  • Reseña: 'Everest', el más reciente filme del realizador islandés, Baltasar Kormákur, propone una adaptación vertiginosa y una aventura de inmersión que retrata el incesante viaje de las dos expediciones que, empujadas más allá de sus límites humanos, se enfrentaron a feroces condiciones climáticas poniendo a prueba su temple y fortaleza física.  - ENFILME.COM
  • Reseña: 'Everest', el más reciente filme del realizador islandés, Baltasar Kormákur, propone una adaptación vertiginosa y una aventura de inmersión que retrata el incesante viaje de las dos expediciones que, empujadas más allá de sus límites humanos, se enfrentaron a feroces condiciones climáticas poniendo a prueba su temple y fortaleza física.  - ENFILME.COM
  • Reseña: 'Everest', el más reciente filme del realizador islandés, Baltasar Kormákur, propone una adaptación vertiginosa y una aventura de inmersión que retrata el incesante viaje de las dos expediciones que, empujadas más allá de sus límites humanos, se enfrentaron a feroces condiciones climáticas poniendo a prueba su temple y fortaleza física.  - ENFILME.COM
  • Reseña: 'Everest', el más reciente filme del realizador islandés, Baltasar Kormákur, propone una adaptación vertiginosa y una aventura de inmersión que retrata el incesante viaje de las dos expediciones que, empujadas más allá de sus límites humanos, se enfrentaron a feroces condiciones climáticas poniendo a prueba su temple y fortaleza física.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

En 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los dos primeros hombres en llegar a la cima del monte Everest, el pico más alto del planeta, con sus 8,848 metros. Paulatinamente, se implementaron entrenamientos previos, rigurosos acondicionamientos físicos y métodos de ascensión más sofisticados para que cada vez más personas lograran la hazaña, y también para reducir en gran medida el número de pérdidas en los intentos por subir la montaña. A mediados de los noventa, varias de las cimas ubicadas en la cordillera del Himalaya se convirtieron en atractivos turísticos. Se trataba entonces de espacios con potencial comercial que fueron explotados por algunos “visionarios” para crear agencias que promovían recorridos para subir. Hombres y mujeres, la mayoría de ellos con experiencias previas en alpinismo o practicantes de deportes extremos, se sintieron atraídos por estos proyectos para cumplir su objetivo de llegar a la cima del Everest. No obstante, el 10 de mayo de 1996, dos expediciones que alcanzaron la cima, dirigidas por Rob Hall y Scott Fischer –responsables de Adventure Consultants y Mountain Madness, respectivamente– se encontraron de frente con una violenta tormenta de nieve que les cerró el paso. Inspirado por estos acontecimientos, Everest (2015), el más reciente filme del realizador islandés, Baltasar Kormákur (A Little Trip to Heaven, 2005; Inhale, 2010), propone una adaptación vertiginosa y una aventura de inmersión que retrata el incesante viaje de las dos expediciones que, empujadas más allá de sus límites humanos, se enfrentaron a feroces condiciones climáticas poniendo a prueba su temple y fortaleza física.

En la primera mitad del filme, el director nos presenta la amplia gama de escaladores que se inmiscuyen en la misión. En su mayoría son hombres: el gentil y humilde cartero (John Hawkes), cuyo viaje está financiado por los niños de la comunidad en la que vive; el texano millonario y aficionado a los deportes extremos (Josh Brolin); una mujer japonesa que ha subido seis de los siete picos más altos del mundo (Naoko Mori); un periodista de la revista Outside que pretende publicar un artículo sobre su experiencia (Michael Nelly), y Rob (Jason Clarke), el afable jefe del equipo. Kormákur se enfoca en los seres humanos y sus deseos incontenibles de superar la naturaleza; ellos están entusiasmados y obsesionados con la idea de conseguir algo que parece estar fuera de sus posibilidades. Sólo así se sienten motivados, sólo eso, escalar una montaña, los hace sentir vivos. Mediante las breves conversaciones que tienen los personajes descubrimos que comparten la confianza, la terquedad y el espíritu aventurero que necesitan aquellos que están dispuestos a arriesgar sus vidas en este deporte extremo.

El guión, escrito por William Nicholson (Gladiator, 2000; Les Misérables, 2012) y Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire, 2008; 127 Hours, 2010), teje los diálogos e interacciones entre los personajes para averiguar lo que ocurre en la mente humana al tratar de hacer frente a algo para lo que el hombre no fue diseñado. En ese sentido, el filme propone, aunque de manera superficial y sin la intención de otorgar respuestas definitivas, que se trata de algo más complejo que va más allá de una aventura deportiva extrema: un capricho, quizá; una rutina; una adecuación de la concepción bíblica que se tiene de la vida; una acción para fomentar la esperanza; un deseo de querer sobresalir por encima del resto.

Por supuesto, escalar el Everest no es una tarea que se realiza en un día, y Kormákur lo muestra escrupulosamente. El filme recurre a momentos didácticos que funcionan para situar al espectador, paso a paso, en las diversas escalas que ejecutan los alpinistas a lo largo de su trayecto, así como la ubicación de los campamentos que funcionan como pequeños refugios desde donde, después del descanso, se vuelve a emprender la misión. Los escaladores necesitan varios ascensos parciales para que el cuerpo pueda aclimatarse antes del último embate. En el Campo Base, los escaladores encuentran el pie de la montaña plagado de gente que incluye un equipo sudafricano de escalada, así como la agencia rival, Mountain Madness, liderada por Scott Fischer (Jake Gyllenhaal). Aunque existe cierta tensión inicial entre Scott y Rob; los dos son rivales amistosos que deciden trabajar en equipo para garantizar la seguridad de sus respectivos grupos. Rob y Scott son los únicos personajes trazados con personalidades bien definidas, cuyas constantes apariciones en pantalla generan mayor reconocimiento y empatía con el espectador. Los demás son reducidos a una serie de apariciones evanescentes, cada uno con su propio papel superficialmente esbozado por los guionistas.

El conjunto variopinto trabaja con persistencia y cautela; Kormákur se muestra paciente para, paulatinamente, sumergirnos en la compleja ascensión al monte. Gran parte de la inmersión que el espectador puede llegar a sentir, así como del asombro que causa la inmensidad de la montaña, depende del minucioso y convincente trabajo de los efectos especiales y de la tecnología 3D. Aunque gran parte de las escenas fueron filmadas en pantalla verde y complementadas en la postproducción digital, el elenco y el equipo técnico trabajaron durante varios días bajo las condiciones climáticas que se viven en el Campamento Base Sur, situado en Nepal, a los pies del Everest. La cámara del cinefotógrafo, Salvatore Totino (Any Given Sunday, 1999; The Da Vinci Code, 2006), parece deslizarse desde la cresta más alta del Everest para mostrarnos inmensas masas de roca helada y configurar fluidas y emocionantes secuencias donde los espacios reducidos, las grietas y los huecos de las montañas incrementan la sensación de vértigo. 

La mayoría de los exploradores llega a la cumbre, pero una tormenta de nieve y la escasez de tanques de oxígeno hacen que su regreso al campamento se convierta en una peligrosa misión por mantenerse con vida. Scott y Rob, los profesionales que constantemente viven aventuras extremas, son sólo dos copos de nieve insignificantes para esta gran montaña. El director hace del Everest un gran escenario, y expone su dualidad como personaje. Con toda su gloria, el Everest se muestra como un recolector cruel e indiferente de la muerte. Hermoso y terrible. La elevación maravilla los ojos, pero desgarra a estos hombres que se han atrevido a sumergirse en sus entrañas. Kormákur no teme magnificar el pánico visceral de los personajes y mostrar el proceso de congelamiento de aquellos que pronto serán cadáveres. La muerte se filtra lentamente con un tono poco misericordioso; la mayoría de los que sucumben padecen un proceso lento y prolongado. Sus pies se debilitan, sus manos y rodillas se congelan y su caminar se hace muy breve; algunos pierden la vista; otros escupen sangre; unos más padecen hipoxia cerebral.

Uno de los personajes, un ruso de semblante sereno, rudo y contemplativo, llamado Anatoli (Ingvar Eggert Sigurðsson) señala que “la última palabra siempre pertenece a la montaña”, una especie de aceptación espiritual con reminiscencias a Werner Herzog que asume la condición inhóspita y violenta de la naturaleza. Hay momentos en que se respira la locura de la misión; se percibe el dolor físico y psicológico de los personajes, principalmente en aquellos que han quedado varados en la llamada “zona de la muerte”, a 8,000 metros de altura donde la falta de oxígeno se convierte en el mayor problema. El sentido heroico de los grandes relatos de superación personal indicaría que el amor y la perseverancia pueden contra todo, pero Kormákur, un islandés que ha vivido rodeado de volcanes en erupción y avalanchas que acechan a su país constantemente, no es condescendiente y prefiere que los personajes permanezcan encerrados en un ambiente hostil y cercano a la muerte.

Un buen antecendente de esta película es Djúpiô (2012), también dirigida por Kormákur; otro relato sobre la resistencia humana que se centra en un pescador islandés que nadó durante siete horas en el Atlántico norte después de que su barco se hundió. Además de la confrontación entre el hombre contra la cruel naturaleza, Kormákur se adentró en la mente del personaje para describir cómo opera el instinto y la fragilidad humana cuando la muerte está próxima. En Everest, el realizador busca potenciar este conflicto, pero en los momentos cumbre del vértigo, aturdimiento, horror y desesperación humana, el relato de fuerza muscular y mental opta por la parte sentimental –una dinámica melodramática que incluye un par de conversaciones vía telefónica entre Rob y su esposa embarazada (Keira Knightley)– para restarle fortaleza a lo crudo del filme. No obstante, en última instancia, la hazaña de Baltasar Kormákur consiste en equilibrar el espectáculo, la acción y el horror de un desgarrador relato de supervivencia que se confecciona a partir del buen uso de la tecnología digital que está más enfocado en crear representaciones verosímiles más allá del éxtasis visual, y donde los personajes terminan rindiéndose ante la corpulencia y vastedad de la montaña.

 
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