Reseña, crítica Kick-Ass 2 - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Kick-Ass 2
Kick-Ass 2
 
Estados Unidos
2013
 
Director:
Jeff Wadlow
 
Con:
Chloë Grace Moretz, Aaron Taylor-Johnson, Jim Carrey
 
Guión:
Jeff Wadlow, Mark Millar
 
Duración:
113 min.
 

 
Kick-Ass 2
Publicado el 26 - Ago - 2013
 
 
  • Kick-Ass 2 se siente como una burda copia de las características más obvias de la original, sin que haya una comprensión real detrás del humor y la violencia. Sin textura, crítica o punto de vista alguno, no hay sentido de rebeldía en su redundancia.  - ENFILME.COM
 

Por Jaqueline Avila (@franzkie_)

¿Hay espacio para los héroes en el mundo real? era la pregunta que la serie de cómics de Kick-Ass escrita por Mark Millar e ilustrada por John Romita Jr. lanzaba al espectador desde su incursión en el mundo de los superhéroes. En 2010, Matthew Vaughn decidió trasplantar la historieta a la pantalla grande con una pequeña producción que, filmada con un relativo bajo presupuesto, generó una propuesta visual que, sin excesivo uso de efectos especiales, era lo suficientemente dinámica para acompañar una narrativa llena de autorreferencias y guiños a la cultura moderna. La película forjó un nuevo nicho de espectadores dispuestos a rendirle culto al joven justiciero vestido de verde, de cuerpo escuálido, lejos de los músculos de Christian Bale, por decir algo.

La segunda entrega sobreestima el atractivo de sus personajes centrales y agrega una subtrama de sustancia viscosamente emocional que, en conjunto, conforman un discurso que explica demasiado su intransigencia, buscando ser chistoso, pero cuya reiterada autoconciencia deriva en cinismo rampante. La primera entrega se burlaba de la cultura icónica alrededor de los superhéroes, incluso mientras hacía uso de ella: era al mismo tiempo parodia y homenaje, divertida en lo absurdo y colorida en el exceso. En cambio, Kick-Ass 2 es dispersa y desarticulada.

En la secuela, los cambios en la producción de la cinta, específicamente en la dirección, a cargo de Jeff Wadlow, se reflejan en el tono de la película. La violencia con un soplo de heroísmo irreverente se desequilibra a favor de una violencia… violenta, sin demasiada sustancia y con sangre, mucha sangre. La comedia es interrumpida por largas secuencias de artes marciales que una vez que toman cierto ritmo son –a su vez y paradójicamente– socavadas por bromas.

En Kick-Ass 2, se extraña la ácida comedia vía palabrotas que refrescaba hasta el más clásico speed montage de corte heroico; y no es porque en su predecesora el lenguaje de Kick-Ass (Aaron Taylor Johnson), Hit Girl (Chloë Grace Moretz) o Red Mist (Christopher Mintz-Plasse) –ahora convertido en The Motherf%&*‏^r– sea inmaculado o prudente, sino porque la apuesta de insolencia en esta ocasión se nutre del humor hueco de bromas basadas en estereotipos. En dos o tres líneas, Motherf%&*‏^r se empeña en justificar el uso de éstos, explicando infructuosamente la gracia de llamar a un matón afroamericano “Bruma Negra”.

La trama es la continuación de la anterior: Kick-Ass ha logrado un efecto –en un inicio– positivo entre los habitantes de Nueva York, quienes comienzan a tomar las calles ataviados en trajes de látex para emular al joven que en la primera parte alcanzó la fama mediante la exposición de sus dotes de justicia –una pelea accidental defendiendo a un inocente de dos matones– en Youtube .  Aunque la irrupción de los ciudadanos comunes como nuevos combatientes de la delincuencia no sea desarrollada con ningún tipo de imaginación, sirve para introducir rostros frescos a la cuota de héroes de la primera entrega. Entre ellos está una “crítica” a los nuevas religiones: el Coronel Stars and Stripes, interpretado por Jim Carrey, un excriminal sanado de su oscuro pasado al haber renacido bajo las bondades del cristianismo, y su fiel compañero, Eisenhower, un perro de virulento nombre que muestra su ‘talento’ en el combate perro vs. proxeneta, en la primera misión del grupo de justicia que, al estilo Avengers (2012) –por la variedad de perfiles, más que por la variada presencia de superpoderes-, crea el Coronel y al que Dave Lizewskise (Kick-Ass) se unirá. Mientras tanto, Red Mist hace lo propio con un grupo de villanos, reunido gracias a las facilidades que su poder económico le da.

Cuando la cinta vuelca su narrativa hacia la otra protagonista, Hit Girl, la trama se estanca en un drama complaciente y, a momentos, aburrido. Vemos a Hit Girl (o Mindy, su nombre ‘real’) debatirse entre continuar como superheroína o satisfacer a su padre y padrastro siendo una niña ‘común y corriente.’ El áspero cambio de personalidad que merma el carácter (violentamente) enérgico de la ahora adolescente es excesivo y ofrece, a cambio, un explícito trasfondo satírico que incurre en comparaciones fortuitas y exageradas, cuando ella, Mindy, trata de encajar con sus compañeras de escuela solo para descubrir que las chicas de su edad son –según el guión– igual o más peligrosas que los mafiosos que controlan las calles. Esta subtrama da espacio para generar una  vaga lección de vida sobre las diferencias que nos dan identidad y el triunfo que conlleva permanecer fiel a uno mismo, y además, insertar con calzador temas de revista adolescente –claro, en una versión menos light y más al estilo Mean Girls (2004)– como el despertar sexual y el primer amor.

El paso de los años entre la primera y la segunda parte del cómic implica ver a Hit-Girl convertida en una joven mujer y a Dave, ya de veinte años, queriendo asumir (o más bien, evadiendo) la responsabilidad de sus acciones. Pero la exhibición de los cambios –no sólo físicos– de los personajes ralentiza la atípica historia, supuestamente libre de las restricciones propias de una plot de superhéroes convencional, con la que Kick-Ass sedujo a más de uno y, por el contrario, comienza a retomar varios lugares comunes de la ya clásica historia de superhéroes: todo alrededor de Dave explota, se destruye o desaparece fácilmente, los protagonistas tienen fama y éxito como superhéroes pero una mierda en la vida real, aparece un fiel compañero listo, pero físicamente débil en el  grupo –Marty / Battle Guy (Clark Duke)–.

Si bien Kick-Ass 2 visualmente ofrece momentos de hábil acción –por ejemplo, con la épica batalla final entre la Madre Rusia y Hit Girl, en donde una vertiginosa cámara, sumada a un ajustado diseño de sonido, permite que jeringas, lanzas, patadas y cortaduras eclipsen ojos y orejas del espectador–, carece de una secuencia tan memorable como la del tiroteo en el pasillo de la biblioteca privada de Frank D'Amico (Mark Strong) en el cual Hit Girl logra fulminar a los corpulentos hombres que cuidan del padre de Red Mist, de su primera entrega; y, además, se permite errores de primerizos al no ocultar los nombres de establecimientos y señales de tránsito propios de la ciudad de Toronto, lugar del rodaje, hecho que resultaría irrelevante de no ser porque la historia se desarrolla en Nueva York.

Quizá la violencia en Kick-Ass 2 no sea más despiadada que en la primera parte. Sin embargo, al insertarla en un drama demasiado real proporcionado por los episodios familiares de Mandy con su padrastro, por un lado y, David y su padre, por el otro, añade dosis de sensibilidad que hace menos cómicas y más irritantes cualquiera de las repetidas matanzas, golpes o enfrentamientos. Esa afectividad envuelta en chistes de corte homofóbico, amenazas de violación o un desacertado combo de vómito y diarrea, hace que los elementos de la película que dependen del valor de choque –como el lenguaje obsceno, sangriento o el sadismo– no sean ni siquiera impactantes. Son sencillamente asquerosos.

La primera Kick-Ass deleitó a varios diseccionando los gestos propios de las películas de superhéroes. Kick-Ass 2 se siente como una burda copia de las características más obvias de la original, sin que haya una comprensión real detrás del humor y la violencia. Sin textura, crítica o punto de vista alguno, no hay sentido de rebeldía en su redundancia.

 
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