Reseña, crítica Kon-Tiki: Un viaje fantástico - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Kon-Tiki
Kon-Tiki: Un viaje fantástico
 
Reino Unido-Noruega-Dinamarca-Alemania-Suecia
2012
 
Director:
Joachim Rønning, Espen Sandberg
 
Con:
Pål Sverre Hagen, Anders Baasmo Christiansen, Tobias Santelmann, Gustaf Skarsgård, Odd Magnus Williamson, Jakob Oftebro, Agnes Kittelsen
 
Guión:
Petter Skavlan
 
Fotografía:
Geir Hartly Andreassen
 
Edición:
Per-Erik Eriksen, Martin Stoltz Duración:
118 min
 

 
Kon-Tiki: Un viaje fantástico
Publicado el 01 - Abr - 2013
 
 
Los tripulantes dudan y temen, pero una noche mientras miran las estrellas en paz, uno de ellos piensa que tal vez el mar los ha aceptado como un elemento más de su ecosistema. Más bien son ellos los que han comenzado a aceptarse a sí mismos como hombres del mar. - ENFILME.COM
 
por Enrique Sánchez

Algunas personas nacen con un impulso errante que les impide aferrarse a un lugar y formar raíces, y de vez en cuando la ciencia necesita de uno de ellos para poner a prueba lo que se plantea en los libros. Hay una frase que se le atribuye a Einstein (en estos días existe una tendencia por inventar citas y firmarlas con el nombre del físico alemán) que dice que “si los hechos no encajan en la teoría, entonces debes cambiar los hechos”. En 1947, Thor Heyerdahl se empeñó por hacer que los hechos encajaran en una descabellada teoría: que la Polinesia fue ocupada por habitantes de Sudamérica durante la época precolombina (la creencia era que aquella zona había sido descubierta por tribus provenientes del este). El rechazo de esta idea fue tal que, para sustentar su idea, no vio otra salida más que emprender un viaje en balsa de las costas peruanas hasta la Polinesia, con recursos que un nativo de antes de la colonización hubiera tenido a su alcance.

Kon-Tiki: Un viaje fantástico comienza con una dosis de sentimentalismo, afianzando la poderosa motivación de Thor (Hagen) desde su infancia en Noruega, en donde vivió como un niño inquieto cuyo arrojo llegó a poner en peligro su vida. Thor crece para convertirse en un estudiante que se siente más cómodo en una choza en medio de la selva que en la universidad, y en esta etapa de su vida se encuentra acompañado de su joven esposa Liv Coucheron (Kittelsen), una estudiante de economía que en la vida real estuvo a su lado en muchos de los viajes anteriores a la travesía de Kon-Tiki. Thor ama a Liv, pero ambos saben que muy por encima del matrimonio o la vida en familia está su vocación de aventurero, y para desgracia de ella, es precisamente esta actitud indómita lo que la tiene cautivada.

El momento más importante de la vida de Thor llega durante su estancia en las islas Marquesas, en donde le surge la idea del contacto entre la Polinesia y Sudamérica. Es una imagen disparatada que lo lleva a enfrentarse con las mentes inflexibles de su época, quienes lo tratan como a un Galileo del siglo XX. Por otro lado, su hipótesis y el entusiasmo con que la defiende convence a un puñado de valientes que deciden acompañarlo en lo que en apariencia se trata de un viaje suicida.

El grupo está conformado por un ingeniero que vende refrigeradores, un artista experto en navegación, un veterano de guerra, un técnico encargado de las comunicaciones y un etnógrafo sueco que le sugiere a Thor que documente la expedición. Fue por este hombre llamado Bengt Danielsson (Skarsgard) que se realizó el documental del viaje, el cual ganó el Oscar en la entrega de los Premios de la Academia de 1950. A partir de que Thor y sus compañeros zarpan de las costas peruanas, la película es una dramatización del documental que, por el bien de la trama, se toma demasiadas libertades. El documental es simple y está conformado en su mayoría por tomas de la tripulación matando el tiempo de cualquier forma posible, mientras se escucha de fondo la voz de Thor relatando algunos aspectos técnicos del viaje.

No dudo que en la vida real Thor y sus hombres hayan estado demasiado ocupados en los momentos catastróficos −que evidentemente los hubo− como para ponerse a filmar, y por eso los directores Joachim Ronning y Espen Sandberg elaboran un drama a partir de los riesgos más evidentes, incrementando la tensión a cada minuto. Incluso desde antes de que comience el viaje, ya conocemos uno de los grandes peligros a los que la tripulación del Kon-Tiki −el nombre del dios del sol inca con el que Thor bautizó a la balsa− se enfrentará: que la embarcación austera en la que viajarán podría no soportar los estragos del mar durante los cien días que tienen pensado navegar. Esto es algo difícil de olvidar, y para el momento en que se encuentran a mitad del viaje, un acto tan inofensivo como arrancar un pedazo de madera enmohecida resulta más aterrador que un ataque de tiburones. Quizás los escépticos tenían razón y la balsa terminará siendo arrastrada hacia el norte por las corrientes oceánicas, o se desmoronará por el azote de las olas, y quizás los tiburones −que en el documental Thor menciona que los acecharon durante semanas− estén ahí para recoger su botín cuando esto suceda. Thor y sus hombres necesitan de la fe para no dejarse vencer, pero su fe no es aquélla de los hombres religiosos, sino que está centrada en su propia fuerza de voluntad y en la ilusión de que hace varios siglos atrás un hombre, Tiki, ya fue capaz de realizar esta empresa. Thor es empedernido, y la seguridad con la que defiende su teoría, incluso en los momentos de mayor vulnerabilidad, lo convierten en un líder fuerte, a pesar de sus debilidades. No hay ningún dios en el que se intenten apoyar, e incluso si lo hubiera, Thor está empeñado en que este logro le pertenezca únicamente al hombre.

Dejando de lado los riesgos, el navío en el que viajan estos seis hombres −junto con un loro de nombre Lorita− es un microuniverso que llega a parecer acogedor en los momentos de paz. Cuando la situación es crítica, los tripulantes dudan y temen, pero una noche mientras miran las estrellas en paz, uno de ellos piensa que tal vez el mar los ha aceptado como un elemento más de su ecosistema. Más bien son ellos los que han comenzado a aceptarse a sí mismos como hombres del mar.

Kon-Tiki: Un viaje fantástico es la película más cara de Noruega hasta la fecha, y fue una de las nominadas al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. Muy al estilo de Beasts of the Southern Wild (2012), la película es un relato épico que intenta ubicar a sus personajes en el lugar del universo al que pertenecen (además de que también está conformada por un reparto prácticamente desconocido en nuestro continente). De los directores Ronning y Sandberg poco se conoce en nuestro país, exceptuando su película Bandidas (2006), protagonizada por Salma Hayek y Penélope Cruz. Es curioso que en varias reseñas estadounidenses se refieran al actor que interpreta a Thor como “el Ryan Gosling de Noruega”, y a uno de sus compañeros como “un Joseph Gordon-Levitt rubio”. En lo personal creo que es una fortuna que un filme de este tipo, que intenta conmover por sobre todas las cosas, no cuente con el histrionismo fastidioso que pueden llegar a provocar algunos de los rostros más populares de Hollywood.

Las similitudes con Life of Pi (2012) están ahí, particularmente a la hora de los efectos visuales enfocados en tormentas, titanes marinos y otras curiosidades fosforescentes del océano. Los personajes, sin embargo, tienen una trayectoria algo distinta, y llama la atención no tanto su aspecto físico al final del viaje −desaliñado y andrajoso−, sino la manera en que lo comenzaron: vestidos de traje, rasurados y elegantes, como si pensaran que en un viaje como éste hay lugar para la etiqueta. Esto es algo de lo que se van despojando como si se tratara de una cáscara, al igual que muchas de las cosas que habían aceptado como obligatorias −una familia, principalmente−, pero hacia el final de la travesía del Kon-Tiki, estos hombres ya no le pertenecían a nadie más que a la ciencia.

 
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