Reseña, crítica Mad Max: Furia en el camino - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Mad Max: Fury Road
Mad Max: Furia en el camino
 
Australia, Estados Unidos
2015
 
Director:
George Miller
 
Con:
Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Zoë Kravitz, Rosie Huntington-Whiteley, Hugh Keays-Byrne
 
Guión:
George Miller, Brendan McCarthy, Nick Lathouris
 
Fotografía:
John Seale
 
Edición:
Jason Ballantine, Margaret Sixel
 
Música
Junkie XL
 
Duración:
120 min.
 

 
Mad Max: Furia en el camino
Publicado el 12 - May - 2015
 
 
  • Reseña: 'Mad Max: Furia en el camino' es, dentro del género de acción, una película notable que logra configurar una atmósfera mítica dentro de un escenario postapocalíptico mediante un relato que funciona como metáfora del mundo contemporáneo. George Miller crea una historia sencilla para articular problemas actuales.  - ENFILME.COM
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por Luis Fernando Galván

Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, 2015) es, dentro del género de acción, una película notable que logra configurar una atmósfera mítica dentro de un escenario postapocalíptico mediante un relato que funciona como metáfora del mundo contemporáneo.  George Miller crea una historia sencilla para articular problemas actuales. 

Max (Tom Hardy) es un hombre solitario y raptado, desde muy temprano en el filme, por las salvajes tropas del imponente y feroz Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), cuyo rostro es cubierto por una grotesca máscara de enormes dientes y alimentado por tubos de oxígeno. Él es el máximo gobernante de La Ciudadela, uno de los pocos lugares que, mediante elevadas construcciones, la división de clases –incluyendo la presencia de esclavos cubiertos de polvo blanco–, la guerra y las negociaciones con tribus aledañas, busca erigirse como la nueva civilización dominante. Ahí habita Imperator Furiosa (Charlize Theron), una rebelde y revolucionaria mujer, pero aún compasiva, que planea escapar de aquella viciosa comunidad que trata a las mujeres como productoras de leche y son utilizadas como dispositivo natural para engendrar más guerreros e incrementar las filas del ejército anárquico –aunque hay jerarquías, durante las batallas y misiones no se respeta ningún orden ni estrategia–. A bordo del imponente “War Rig” –un tráiler de doble semirremolque construido con residuos metálicos y otros materiales de desecho–, Furiosa escapa robándose una preciosa y valiosa carga: las cinco esposas del emperador (interpretadas por Rosie Huntington-Whiteley, Abbey Lee Kershaw, Courtney Eaton, Zoe Kravitz y Riley Keough). Así comienza una persecución destructiva, en la que Max es empleado como “bolsa de sangre”: mediante una manguera, el líquido vital de Max alimenta a un guerrero temerario llamado Nux (Nicholas Hoult), dispuesto a morir en la misión por recuperar a las esposas de su amo.

Sin ser una secuela o un reboot, el guión, escrito por Miller, Brendan McCarthy y Nick Lathouris, posee cierta influencia de Mad Max 2: The Road Warrior (1981), principalmente, en las similitudes que comparten en sus respectivos prólogos: aquel filme protagonizado por Mel Gibson inicia con imágenes en blanco y negro de las grandes ciudades industriales, las naciones en guerra, los bombardeos y el uso de armas nucleares, mientras la voz en off del narrador nos indica cómo el ser humano acabó con su semejante; ahora, esta nueva entrega comienza con la pantalla en negro, y se escuchan diversas voces en off –al parecer procedentes de noticieros– que informan sobre la crisis que vive la humanidad al depender del petróleo para realizar cualquier actividad. El filme no profundiza en el cómo se ha llegado a ese mundo catastrófico. Miller evita alusiones explícitas a situaciones contemporáneas (crisis económicas, problemas ambientales, conflictos en diversos puntos del globo terráqueo, guerras en nombre de ideologías, terrorismo). Pesimismo y destrucción son las constantes del polvoriento y turbio escenario sobre el que se desarrollan las acciones. El experimentado cinefotógrafo australiano, John Seale (ganador del Oscar por su trabajo en The English Patient, 1996), captura con maestría los intensos colores ocres y rojizos otorgados por los paisajes naturales del desierto de Namibia, ubicado al sur de África, aprovechando al máximo la luz solar como fuente de iluminación natural que cuece todo el territorio en naranjas y amarillos, mientras que, durante la noche, las estrellas y la luna poseen cierta intensidad capaz de configurar un atrayente azul etéreo. 

Mediante la crisis de Max, un hombre torturado, un sobreviviente, cuyo dilema se centra en permitir que la humanidad lo abrace nuevamente o rechazar a sus semejantes debido al tormento que siente cada vez que está cerca de uno de ellos, el director crea una ficción sobre la decadencia de la civilización. Max es reservado y desconfiado; es un hombre que derrocha lo mismo agresividad y melancolía mediante sus bruscos movimientos. Su violencia, al igual que su bondad, se transmiten con el uso del cuerpo más que con la pronunciación de palabras. Max vive trastornado por su pasado –hay una constante presencia de una niña que aparece en las alucinaciones, sueños y recuerdos del protagonista, pero nunca se explica quién es y cuál es la relación que tiene con él. Su dolor mental y psicológico se refleja en su cuerpo maltratado; su rostro se hunde en la arena, su cabeza es encerrada en una máscara metálica con candado de seguridad, sus brazos son encadenados y sufre laceraciones en pecho y espalda. El actor británico, Tom Hardy, vuelve a demostrar, como lo hizo en Bronson (2008), Warrior (2011) y Dark Knight Rises (2012),  la fortaleza de su cuerpo y el gran despliegue físico para interpretar con un alto grado de vigor, resistencia y verosimilitud, cada una de sus maniobras corporales. Hardy no teme parecerse por dentro y por fuera, en lo físico y en lo psicológico, al imperturbable y belicoso Max. A diferencia de Mel Gibson, Hardy toma al personaje en plena crisis existencial, es un hombre ya maltratado y abatido. Al actor australiano lo acompañamos, a lo largo de tres filmes en un periodo de seis años, en la compleja transformación psicológica que sufrió Max al perder a su esposa e hija en Mad Max (1979), y en su paso de hombre de familia y policía a ser un nómada solitario en los dos filmes posteriores (Mad Max 2: The Road Warrior, 1982;  Mad Max Beyond Thunderdome , 1985).

Furia en el camino retoma, con una estética grotesca y por momentos alucinante, elementos del western. Gran parte del filme se desarrolla en extensas zonas áridas. Trata sobre el exilio de un hombre, la búsqueda de un nuevo estado, el anhelo de integrar un nuevo orden para, después de cumplir con esa misión –la refundación de la civilización– seguir adelante solo. Miller crea una metáfora irónica sobre nuestra propia caída como raza, como civilización, sobre cómo las crisis y los aspectos negativos de nuestro mundo nos pueden conducir, paulatinamente, al desorden e histeria global. ¿Será que, más bien, el filme parodia demoniacamente nuestra realidad? En el escenario postapocalíptico de Furia en el camino, los elementos más preciados, además del agua, son las armas y el combustible. Éstos son obtenidos mediante negociaciones y trueques; el comercio rige la dinámica de La Ciudadela con sus vecinos: la Granja de Balas y la Ciudad de Gasolina. En estos espacios hay muy poca preocupación por los valores espirituales; abundan las supersticiones, los conocimientos fracturados y la ignorancia. La guerra y la tecnología (o lo que queda de ella) condicionan a los habitantes. Immortan Joe apela a la instauración de rituales como formas malévolas de entretenimiento; los esclavos y los más pobres –leprosos y enfermos– le rinden pleitesía cuando el emperador, desde lo más alto de una montaña –como si fuera dueño del Monte Olimpo– rocía agua a sus súbditos para que éstos, en feroces y desesperantes batallas, hagan todo lo posible por reunir en sus inmundas y sucias cubetas el preciado líquido. Los líderes del mundo actual y real pueden hacer progresos graduales, pero en lugar de lograr los avances necesarios, se benefician con la caída y desgracia de los otros. El discurso desolador de Furia en el camino consiste en la nula esperanza, la pérdida de creer en los sueños y en el hecho de sólo aceptar los mitos de la desesperación instaurados por un ambiente hostil y un régimen cruel. Furia en el camino muestra el triunfo del mal a partir del miedo.

La civilización decadente de Immortan Joe podría ser eliminada. El personaje de Furiosa sirve para transmitir la sensación del descontento de varios de los habitantes de La Ciudadela. Esta mujer representa la posibilidad del surgimiento de una nueva sociedad que se erija sobre las cenizas de la antigua. La intención de Furiosa es llegar, con las cinco jóvenes esposas, al Lugar Verde, un sitio del que no tiene certeza sobre su existencia, pero donde espera encontrar vegetación y agua, una especie de paraíso mítico. La película retrata un escenario en el que dos aspectos de nuestro presente (la destrucción y decadencia; la construcción y la esperanza) se han separado en dos lugares muy distantes entre sí, pero que en nuestra realidad conviven de la mano. Nuestro mundo –y su versión exagerada en lo negativo simbolizada en el filme– se define por las dinámicas del comercio y el mercado, que buscan colocar como valor máximo la ciega creencia en que el consumismo y las máquinas levantarán, junto a nosotros, un paraíso de la abundancia y la felicidad. El mito del progreso, encarnado en las dinámicas de La Ciudadela, es sólo una ilusión de la construcción de un mejor mañana, cuando en realidad representa la destrucción de los cimientos espirituales de la civilización y, paulatinamente, al menos así lo postula Miller, de la civilización misma. A pesar de ello, el filme es un grito existencial que ruega por el optimismo; es un triunfo feminista. Miller ha construido un comentario reflexivo. Furia en el camino es una crítica airada contra los patriarcados y la manera en que se trata inhumanamente a las mujeres. El filme denuncia aquellas sociedades dominadas por los hombres que, literalmente, las utilizan para reproducirse y las ordeñan como vacas. Las cinco jóvenes hermosas son retratadas no como dispositivos para generar tensión o acción, sino como seres humanos, personas individuales, con opiniones diversas, con la capacidad de llegar a acuerdos, cada una distinta de la otra, con puntos fuertes y débiles. Furiosa parece ser el rol ideal de acción que una talentosa actriz como Charlize Theron había estado buscando. El personaje le permite explorar el resentimiento, el deseo de venganza y la rabia, pero como sentimientos que, bien canalizados, desprenden poder, energía, coraje y acción. A pesar de la apariencia ruda, agresiva y cuasimasculina de Furiosa, ella es un personaje profundamente femenino y comprometido con la búsqueda del bienestar común a través del balance de contrarios, del respeto y la empatía.

No sólo este filme, sino también los tres anteriores, se sostienen sobre la idea del movimiento; las capas y texturas de éste brindan información sobre quiénes son los personajes y qué es lo que buscan. La gasolina es la nueva “bebida de los dioses”; su escasez, al igual que la del agua –tremendo guiño a la crisis mundial de este recurso natural debido a su mal manejo y desperdicio– , significa la pérdida de poder y la muerte inminente. El filme ofrece una advertencia contra la codicia y la desesperación del hombre por poseer los recursos naturales más preciados. Miller sabe conjugar elementos anárquicos (metal, motores, sangre y arena) para orquestar la acción de alto octanaje con precisión y claridad. A pesar de ser una declaración a favor del movimiento y el dinamismo, Miller no exagera en el uso de la edición frenética; en varios momentos nos permite ver piezas de acción fluidas con planos de mayor duración que los habitualmente usados en el cine de acción. En la década de los ochenta, la saga revolucionó la forma en que se percibía la acción vehicular, y sentó las bases del género postapocalíptico que, desarrollado por la ciencia ficción, se ha establecido como un atractivo subgénero cinematográfico para cuestionar la manera en que las decisiones del ser humano lo conducen a su propia destrucción.

El principal atractivo de los tres filmes anteriores consistía en su manufactura artesanal. Las acrobacias, los escenarios áridos, los vestuarios extravagantes y las bestias vehiculares eran reales. Las películas poseían una sensación de estética casera; incluso, para la película de 1979, Miller sacrificó su propio automóvil para que fuera destrozado en un accidente de carretera real que decidieron filmar. Tres décadas después, el público de cine del siglo XXI –tan habituado al espectáculo, los efectos visuales y las imágenes generadas por computadora (CGI)– encontrará a Fury Road un choque violento con su manera de ver el cine. Esta película cuenta con la participación de poco más de 300 dobles y especialistas en secuencias de acción que aportaron su agilidad física y talento para ejecutar las acrobacias que se ven en pantalla; cada una de las maniobras son llevadas a cabo por personas reales, no por personajes constituidos mediante efectos digitales. Éstos sólo fueron empleados para mejorar y perfeccionar los paisajes como telones de fondo y para eliminar los cables de seguridad que sujetaban a los actores. El metal, la carne, la saturación de tonos ocres y anaranjados, los golpes, los rasguños, la sangre y las explosiones son tan palpables y tangibles como lo fueron en 1979, sin la necesidad de recurrir al 3D. Se percibe la dedicación de George Miller en la elaboración de su obra; después de 36 años, el director conserva la pasión por el mundo que él construyó. Furia en el camino es un buen exponente del cine de acción bien ejecutado; una película que su autor concibió durante 15 años; uno de los mejores filmes del género de la década; una obra vibrante, sin concesiones, donde el caos nihilista y las tormentas de arena angustian a sus personajes mientras entusiasman a los espectadores dejando abierta la posibilidad de continuar desarrollando este desolador mundo en futuros filmes, y demostrando que para crear este extravagante y caótico escenario se necesita orden y control. Furia en el camino es una película transgresora, sutil e inteligente, capaz de cuestionar el mundo actual sin la necesidad de recurrir a discursos obvios; que busca hacer un comentario punzante respecto a las nociones de progreso, desarrollo y evolución –ideas sobre las cuales se ha cimentado el sistema occidental actual–, pero sin sentirse moralmente superior al público. 

 
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