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FICHA TÉCNICA
Medeas
Medeas
 
EE.UU. - Italia
2013
 
Director:
Andrea Pallaoro
 
Con:
Catalina Sandino Moreno, Brían F. O'Byrne, Mary Mouser
 
Guión:
Andrea Pallaoro, Orlando Tirado
 
Fotografía:
Chayse Irvin
 
Edición:
Isaac Hagy, Arndt Peemoeller Duración:
97 min.
 

 
Medeas
Publicado el 25 - May - 2015
 
 
  • Reseña. La ópera prima de Andrea Pallaoro, Medeas, reconforma el mito de Eurípides para respuestas actuales a un crimen que denota absoluta perversión.  - ENFILME.COM
  • Reseña. La ópera prima de Andrea Pallaoro, Medeas, reconforma el mito de Eurípides para respuestas actuales a un crimen que denota absoluta perversión.  - ENFILME.COM
  • Reseña. La ópera prima de Andrea Pallaoro, Medeas, reconforma el mito de Eurípides para respuestas actuales a un crimen que denota absoluta perversión.  - ENFILME.COM
 
por Sofia Ochoa Rodríguez

En la tragedia de Eurípides, Medea mata a sus hijos para vengarse del marido que le ha pagado con moneda de cambio a pesar de que ella lo dejó todo para casarse con él. Jasón de los Agonautas, después de haber humillado a la protagonista, está por casarse con una griega, cuando su todavía esposa prepara su vendetta recobrando sus dotes de hechicera. Quizá las proporciones épicas del mito –con magia, héroes y nobleza– no tengan cabida en el mundo moderno, pero esa pasión descomunal que desata crímenes antinatura y los cuestionamientos que despierta sobre el poder de la mujer en la sociedad –la de entonces, la de ahora–, siguen apelando al hombre actual, a más de 2,400 años de distancia.

Protagonizada por Maria Callas, Pier Paolo Pasolini reinterpretó el drama con tintes freudianos y marxistas. Su Medea no tolera las imposiciones de un orden cerrado, por lo que explota en ira, y disfruta la mirada derrotada de su pasado amor cuando contempla el filicidio que ella ha cometido. Con la imagen desgarradora de los hijos colgados del cuello a los árboles al cerrar su filme, el drama para la televisión de 1988 de Lars von Trier (adaptado del guion de Carl T. Dreyer) construye a una antiheroína que asume su destino con estoicismo. Su venganza no es dulce, sino amarga; es la consecuencia cósmica de no ser del todo débil, y haber sido aplastada y traicionada por el hombre al que amaba. Es la manera –cruel– de conservar un balance fuera de ella, porque ha perdido la razón. 

En su ópera prima, el italiano Andrea Pallaoro reconforma el mito en los ochenta, en una zona rural al sur de California, en un tiempo y espacio que debido al aislamiento todo parece aún más viejo de lo que es. Durante época de sequía, nos acerca a la intimidad de una familia protestante de siete. Sin que crucemos la barrera de la privacidad individual, sin que sepamos exactamente qué pasa por la cabeza de cada uno, las acciones dotan de psicología al relato. La cámara es distante, como una intrusa se separa de los personajes por paredes, ventanas y puertas, pero es inquisitiva. La separación que el director impone entre la cámara y los personajes nos permite conocer, como si se tratara de un relato costumbrista, el ecosistema familiar que gesta el crimen, pero no los sueños, aspiraciones y deseos más personales de cada uno, por lo que la aproximación es más objetiva, pero fría, tendiente a objetivar.

Poco sucede en Medeas a través del diálogo. El director se afana en construir imágenes infladas de significado, acentuadas por la elegante fotografía de Chayse Irvin. Es una cinematografía poética, en la que forma y significado son absolutamente inseparables. Es una cinematografía rigurosa, temerosa de romper sus propias reglas. La primera secuencia, por ejemplo, inserta como cuchillo el tono del filme. Por si alguien tenía duda de si ésta sería, como el título sugiere, una tragedia, la imagen de un cuerpo flotando bocabajo en el agua introduce a la muerte como un tópico omnipresente, ligado a la vitalidad de los niños.

Catalina Sandino (María, llena eres de gracia, 2004) interpreta con una delicadeza sustentada en la fuerza, pero también en la confusión, a la madre. Es maternal, es sensual, es sordomuda (lo que la aisla aún más) y es incansable. Es el pilar de la casa, y la casa tiene muchos niños, cada uno con conflictos y pasiones propias. La vida doméstica la absorbe, pero no le basta, está insatisfecha y está aburrida. Tiene un esposo responsable, pero de carácter tendiente a lo irascible. Tiene un amante (nunca se explica cómo se pone de acuerdo con él para verlo). Y una pregunta que prevalecerá durante el relato es ¿por qué? ¿Por qué ha decidido quebrantar un orden aparentemente acogedor y protector? ¿Ha sido ella la que lo ha quebrantado en un inicio? Pallaoro no ofrece respuestas totalmente claras. El personaje de Catalina permanece como un misterio. Pero el director sí delinea soledades a pesar de la cercanía de la carne entre los integrantes de la familia. ¿Qué es lo que los separa? Eso tampoco se explica.

El esposo, interpretado con suma sobriedad por Brían F. O'Byrne (Million Dollars Baby, 2004), es granjero. Cuida a sus animales con devoción, hasta el agotamiento, lo que no necesariamente le brinda lujo alguno. El televisor que con emoción lleva a su familia, es demsiado viejo y chatarroso. Juega con sus hijos en sus tiempos libres. Es fiel. Y, como el resto de su familia, es religioso. Cuando se entera de que su esposa lo ha engañado, la caída que parecía venir desde tiempo atrás, se precipita en picada. Es un hombre de pocas palabras, así es que el que ella sea sordomuda, de alguna manera le acomoda. Aunque sostienen pocas interacciones verbales, aunque cada uno parece vivir una vida distinta en la misma casa, todos los miembros han desarrollado una sensibilidad para atisbar lo que sucede. Él sabe. Ella sabe que él sabe. Ellos, los niños, saben que algo pasa. Su tendencia iracunda es acentuada por la situación. No puede enfrentar ni confrontar, pero sí exigir. Y cuando esa exigencia lo planta frente a la realidad –ella no es suya–, cae en la frustración. Ser el hombre de la casa no le ha dado el poder suficiente para controlar los deseos de su mujer.

¿Cuáles son los senderos que llevan al espiral de la locura? ¿Son distintos en el caso de un hombre o de una mujer? El filme de Pallaoro conversa con las versiones anteriores de Medea para ofrecer respuestas actuales a un crimen que denota absoluta perversión donde en un principio parecería imposible de crecer. Su respuesta no busca justificar a la mujer, tampoco condenar al hombre, ni viceversa, sino ofrecer un escenario más equitativo de responsabilidades compartidas. Sus Medeas no son inocentes, pero en la elucubración del mal, tampoco están solas.

 
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