Reseña, crítica Mi semana con Marilyn - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
My Week with Marilyn
Mi semana con Marilyn
 
Gran Bretaña
2011
 
Director:
Simon Curtis
 
Con:
Michelle Williams, Eddie Redmayne, Julia Ormond
 
Guión:
Adrian Hodges
 
Duración:
101 min.
 

 
Mi semana con Marilyn
Publicado el 11 - May - 2012
 
 
Marilyn Monroe le sopla las velas de su 65 aniversario al evento de cine más importante del mundo, el Festival de Cannes. - ENFILME.COM
 
por Sofia Ochoa Rodríguez

Este año, Marilyn Monroe le sopla las velas de su 65 aniversario al evento de cine más importante del mundo, el Festival de Cannes. Lo hace como imagen oficial en su afiche conmemorativo. No es para menos. La actriz de voluptuosas curvas se convirtió en un icono en los cincuenta y, desde entonces, su silueta ha permanecido en el imaginario común como símbolo sexual, sobre todo, pero también como un enigma detrás de la protagonista de una historia de éxito, soñada por muchas, convertida en pesadilla: la de la mujer de niñez miserable que crece para convertirse en la más famosa y deseada del mundo, y que no logra ser feliz porque nadie, quizá ni ella misma, puede ver más allá de su brillo 

Mi semana con Marilyn (2011) no revela qué hay bajo el glamour de la norteamericana. Vista desde los ojos de un admirador, relata el encuentro cercano entre él, un tercer asistente de dirección, y ella, una celebridad, con la ambigüedad suficiente para no permitir hipótesis demasiado arriesgadas sobre su carácter, su pasado o sus motivos, sino más bien levantar preguntas como ¿actuaba con desesperación o con demasiado método?.

La trama es más bien anecdótica y está basada en el diario de Colin Clark (Redmayne), un documentalista que tuvo su introducción al cine cuando, a los 23, gracias a su carácter empecinado, consiguió trabajo en los estudios Pinewood, Inglaterra, en la filmación de The Prince and the Showgirl, y debido a ciertas circunstancias, principalmente a los maltratos que el director le propiciaba a la estrella y a la necesidad de ella de sentirse admirada, entablan una relación sospechosamente cercana, una amistad fugaz y desigual basada en la confianza que el joven escuálido despertaba en ella. Colin se convierte en una especie de guía turístico, que además de enseñarle Eton, el internado en el que estudió, o un pequeño lago que sirve como excusa para nadar desnudos, le explica las motivaciones de los comportamientos de la gente en el set, la acompaña durante las noches de mayor sufrimiento y le da ánimos para (lo que nunca) levantarse temprano. No es que pase mucho durante esta dichosa semana, es que sucede al lado de Marilyn. Y ella, con todo su poder y talento, lo hace sentir indispensable; hasta que deja de serlo.

De entrada, todo lo que tiene que ver con la actriz es sobre la apariencia, sobre su poder de atracción y su fama. Pero, incluso a pesar de sí misma, Mi semana con Marilyn trasciende los clichés que el filme mismo se impone en gran medida gracias al calibre de actriz en que Michelle Williams ha convertido, que se encarga de verter su talento en una personificación casi idéntica de Marilyn, con cabellos blancuzcos y voz aniñada que desea agradar a toda costa, y una actuación más que estudiada, que reproduce una mirada alegre que no se sabe si observa todo con demasiada inocencia o consciencia. Esta Marilyn tiene 30 años y acaba de casarse con el dramaturgo Arthur Miller, un intelectual que aparentemente compagina con sus deseos de convertirse en actriz seria pero que, aunque a su lado, parece totalmente alejado de ella; en la película es casi solo una sombra que parece torturar a Marilyn con su ausencia, después de que él vuelve a Estados Unidos, tras haberla acompañado al inicio de su filmación 

La primera aparición de ella en pantalla ocurre cuando arriba a Inglaterra y frente al lente de una multitud de reporteros baja las escaleras del avión con una seguridad y dulzura en las caderas que pueden terminar de convencer a los incrédulos del público. El flash de las cámaras sirve como motivo para acentuar la dependencia entre su poder y el de los medios. La protagonista es recibida por su coestrella Sir Laurence Olivier (Branagh) y su esposa, la bellísima Vivien Leigh (interpretada por una elegante Julia Ormond), que ya entrada en los cuarenta sabe que no tiene nada que hacer frente al hipnotizante rostro de Marilyn y que se hace a un lado en el set no sin temer por la integridad de su matrimonio. La relación entre protagonistas inicia con la devoción masculina que se esperaría de cualquiera que comparta el aire con la diva. Pero pronto los retrasos y la desconcentración de la actriz en el set acaban por desesperar al también director. Su actitud hosca, sin embargo, demuestra, más que enojo, ciertos celos e impotencia. Colin lo explica con claridad: por un lado, Olivier no sabe que no sacará la fama que desea como director haciendo esa película y, por el otro, el brillo de Marilyn en pantalla no la hace brillar más a él, sino que lo hace ver opaco y viejo.

Mi semana con Marilyn tiene el ritmo cadencioso de una buena comedia romántica británica. Ver a Williams actuar como Monroe es doblemente placentero; la historia de Colin nos mantiene atentos sin demasiadas sorpresas, y el carácter que Olivier revela poco a poco funciona como aliciente. La película podría hacernos creer que podemos flotar durante dos horas, pero el nombre de Monroe pesa demasiado y nos devuelve a la realidad. La tristeza detrás de la alegría que repartía, la tragedia que fue su vida, la permanencia y trascendencia que ha tenido para nuestra cultura, todo está recuperado y dosificado para no dejarnos ir sin habernos planteado preguntas importantes e incómodas sobre nuestra manera de admirar a la estrella.

 
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