Reseña, crítica Mi vida es un rompecabezas - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Casse-tête chinois
Mi vida es un rompecabezas
 
Francia, Estados Unidos, Bélgica
2013
 
Director:
Cédric Klapisch
 
Con:
Romain Duris, Audrey Tautou, Cécile De France, Kelly Reilly, Sandrine Holt
 
Guión:
Cédric Klapisch
 
Fotografía:
Natasha Braier
 
Edición:
Anne-Sophie Bion
 
Música
Loïc Dury, Christophe Minck
 
Duración:
117 min.
 

 
Mi vida es un rompecabezas
Publicado el 23 - Dic - 2014
 
 
  • Reseña: Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras ?que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)?, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.  - ENFILME.COM
  • Reseña: Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras ?que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)?, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.  - ENFILME.COM
  • Reseña: Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras ?que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)?, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.  - ENFILME.COM
  • Reseña: Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras ?que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)?, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.  - ENFILME.COM
  • Reseña: Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras ?que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)?, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois, 2013) es el cierre de una trilogía que el realizador francés, Cédric Klapisch, inauguró hace poco más de una década con El albergue español (L'auberge espagnole, 2002) y continuó con Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005). Los tres filmes se centran en Xavier (Romain Durais) y su crecimiento, sus aspiraciones y su formación como escritor. A diferencia de sus predecesoras –que eran jugueteos idealistas llenos de aventuras ostentosas de jóvenes pertenecientes a una clase privilegiada que puede darse el lujo de viajar, estudiar y raras veces trabajar en distintas ciudades del mundo (Barcelona en la primera entrega; Londres y San Petersburgo, en la segunda)–, esta tercera parte posee mayor madurez y tiene la intención de definirse como un sincero homenaje a las emociones humanas exhibiendo un tono positivo, alegre y despreocupado con el que debe asumirse (aunque no del todo) cada paso y decisión que se toma en el trayecto de la vida. No obstante, aún hay remanentes de la frivolidad e insensatez con los que se desenvolvían sus personajes en los dos filmes previos.

En esta última entrega, Xavier  ya no es el joven aspirante a escritor; ahora, después de dos novelas sin éxito, trabaja en una nueva obra nutriéndose de la inspiración que su vida cotidiana le otorga. Él, así como sus amigos que originalmente conoció en El albergue español, está al borde de los 40 años, pero las actitudes precipitadas, despreocupadas e improvisadas se asemejan a las de los jóvenes veinteañeros que interpretaron en la primera parte. Con dos hijos y una ruptura con su esposa, la británica Wendy (Kelly Reilly), Xavier se ve obligado a trasladarse de París a Nueva York para permanecer cerca de sus niños, quienes vivirán con su madre y John (Peter Hermann), el nuevo novio norteamericano y rico de ella. En un principio, Xavier se queda en Brooklyn, en el desván de su amiga belga Isabelle (Cécile de France), una lesbiana de espíritu libre que vive con su pareja, una norteamericana de origen chino, Ju (Sandrine Holt). Después de un tiempo, él se traslada al antiguo departamento de Ju en el barrio chino, que convenientemente sigue desocupado. Hay algo mucho más permanente que la amistad que une a Xavier con la pareja: el hijo que Isabelle espera, concebido a través de la inseminación artificial, es de él.

Como extranjero, Xavier debe lidiar con diversas dificultades. Una de ellas, cómo permanecer en Nueva York sin violar las condiciones impuestas por las autoridades de migración. Una tarde, mientras viaja en un taxi, Xavier intercede para que el conductor no resulte gravemente herido después de una riña callejera que sostiene con un transportista iracundo. Como recompensa, el taxista ayuda a Xavier “otorgándole” a su sobrina, Nancy (Li Jun Li), otra norteamericana de origen chino, para arreglar un matrimonio y que él pueda obtener papeles en regla para quedarse en suelo americano.

Klapisch se sirve de recursos distintos para mantener atrapado al espectador. En cada momento que un problema surge, la mano mágica e invisible del director aparece con una solución rápida y oportuna para sus personajes. Además, enmarca situaciones poco importantes para la trama con momentos visualmente atractivos; por ejemplo, hermosas modelos de revistas para adultos que se desprenden del papel para cobrar vida. Es un recurso audiovisual interesante, pero innecesario. Así como los destellos de intelectualidad evidenciados en la aparición, sin ninguna razón de peso, de los fantasmas de los filósofos alemanes Schopenhauer y Hegel, cuyas observaciones enigmáticas ofrecen poca profundidad a las tribulaciones existenciales del personaje. Hay una presunción audiovisual de mostrar, en un par de secuencias, a los actores como si fueran recortes de revistas o piezas de rompecabezas que marchan en la pantalla sin ningún propósito narrativo, sólo como capricho estético.

El retrato de la ciudad de Nueva York pretende ser veraz y cercano. En algún momento, Xavier se concentra en ese otro Nueva York, el que está sujeto al suelo, el de la clase trabajadora, el que está alejado del cielo, de los rascacielos. Con la excepción del elegante departamento de John, Klapisch rompe con el cliché del glamour de la ciudad cosmopolita, y opta por mostrarla como un mosaico multiétnico, feliz, despreocupado y con un sabor preponderantemente asiático. El modesto departamento de Xavier en el barrio chino se convierte en una especie de hotel internacional cuando los visitantes del extranjero llegan a la ciudad. Martine (Audrey Tautou) –la novia de Xavier en El albergue español– llega a Nueva York (primero ella sola, y luego, en un segundo viaje, en compañía de sus dos hijos), para cerrar un negocio con una compañía de té –dirigida por chinos–. Ella aprovecha para ver a Xavier, quien le da asilo en su pequeño hogar. El romance entre ambos parece reavivarse en ese espacio pequeño, un recinto que también sirve como espacio secreto de encuentros eróticos entre Isabelle y una joven niñera belga (Flore Bonaventura). En una de las escenas culminantes, que recupera la tradición de la comedia de enredos, todos los personajes –incluyendo a los funcionarios de migración que revisan el status de Xavier– terminan en el interior del departamento tratando de confundirse unos a otros, pero no al espectador. Klapisch  muestra el espacio no sólo como contenedor de sus personajes, sino que también es un elemento primordial para reconfigurar las decisiones que ellos toman en la vida cotidiana, como la petición final –y predecible– que Xavier le hace a Martine.

En cada una de las vivencias, los personajes no se muestran verdaderamente reflexivos o pensativos; cada una de las decisiones se toma de manera muy rápida y ligera, precipitándose ante las posibles consecuencias de sus actos, pero éstas nunca tienen repercusiones negativas en sus vidas ni en sus consciencias, y debido a ello los personajes continúan actuando de la misma manera egoísta y desconsiderada, aunque alegre y positiva. 

La participación de los mismos actores que comenzaron esta trilogía desde 2002, posee una especie de deslumbramiento. Ya no son los jóvenes y poco conocidos de hace 10 años, ahora son las estrellas que depositan su talento y experiencia en la interpretación de los personajes. Existe un suspiro melancólico y divertido al observar las distintas facetas y crecimiento de los personajes, ya que los créditos iniciales yuxtaponen imágenes de las tres películas. La fama en Francia de los actores de reparto –especialmente de Audrey Tautou y Cecile de France– podría explicar por qué sus papeles parecen tener mucho más tiempo en pantalla que en las anteriores entregas, aunque cabe admitir que el énfasis en toda la serie ha estado en cómo el complejo sistema de vínculos con amigos, familiares y amantes moldea la vida del protagonista. 

Xavier tiene un afecto cordial hacia casi todo el mundo; tolera, acepta y se muestra amable con todo aquel que se reúne, y ese abrazo de corazón sincero hacia la pluralidad y la diferencia –que simboliza el interés inquisitivo que cualquiera puede sentir hacia otras culturas distintas a la suya– sobresale en toda la trilogía. Sin explorarlo del todo, pero una de las alusiones más interesantes en El albergue español consistía en representar (en el pequeño departamento de Barcelona donde vivían estudiantes de distintas naciones) el microcosmos de la sana convivencia de la Unión Europea; en Las muñecas rusas sólo se extendió ese ánimo de interacción y pluralidad para incluir a Rusia y al Reino Unido; y ahora, situados en América con sus numerosos personajes chinos, Mi vida es un rompecabezas amplía su panorama globalizador. El filme continúa con esta mirada sobre los espacios ajenos, la perspectiva de un hombre en territorio extranjero no sólo reconfigura su vida, sino que también hay una reconfiguración de las tradiciones y dinámicas sociales al interior de una región específica. El director pasa por alto las fallas y el mal comportamiento (por ejemplo; la facilidad, soltura y despreocupación con la que se ejerce un acto de infidelidad, así como la complicidad del amigo que cubre al infiel) de sus personajes excéntricos  para expresar el optimismo y la alegría de la vida sin resultar en algo completamente manipulador, pero sí, por momentos, forzado e injustificado. Klapisch es un enamorado de la existencia y reitera un sentimiento básico detrás de cada una de las comedias románticas que ha realizado: la vida se construye y reconstruye continuamente. Los lazos y las relaciones humanas se deterioran, se arreglan o se fragmentan, se generan nuevas ataduras, y otras se reacomodan de manera distinta a la que se había pensado. Todo se atornilla y desatornilla en un espacio determinado y también en el trayecto para llegar ahí; todos son ajustes completamente necesarios para seguir adelante. Aunque en sus películas los cambios de trayecto tengan menos repercusiones que en la realidad.

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