Reseña, crítica ¡Somos lo mejor! - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Vi är bäst!
¡Somos lo mejor!
 
Suecia
2013
 
Director:
Lukas Moodysson
 
Con:
Mira Barkhammar, Mira Grosin, Liv LeMoyne, Johan Liljemark, Mattias Wiberg
 
Guión:
Lukas Moodysson, Coco Moodysson
 
Fotografía:
Ulf Brantås
 
Edición:
Michal Leszczylowski Duración:
102 min.
 

 
¡Somos lo mejor!
Publicado el 28 - Mar - 2014
 
 
Lukas Moodysson no buscó exaltar el punk y su trascendencia subterránea, sino más bien  retratar desde una sencillez bastante naif pero extremadamente honesta  la forma en la que el punk tocó la vida de tres púberas cualesquiera  como aparentemente tocó la del cineasta. - ENFILME.COM
 

Por Alo Valenzuela (@AloValenzuela)

Ve aquí nuestra entrevista con Lukas Moodysson.

Prácticamente desde su surgimiento, el punk, no sólo como género musical sino como subcultura, se convirtió en sustancia activa de un gran número de películas. Se ha hecho de todo, desde algunas infumables como SLC Punk (1998), de James Merendino, hasta joyas demoledoras como Suburbia (1983), de Penelope Spheeries, o Jubilee (1978), de Derek Jarman. Además, el contagio del punk se arrastró a todo el mundo y por ahí se pueden encontrar documentales de lo que provocó el movimiento en África, Latinoamérica y, seguramente, en casi cualquier rincón del planeta. Por eso no sorprende que Lukas Moodysson haya decidido sumarse a la larga fila de cineastas que han retratado a la robusta fauna de esta tribu. Lo que sí sorprende es la manera en la que lo hizo, pues a diferencia de la mayoría de lo que hemos visto hasta ahora en referencia al tema, no buscó exaltar un suceso y su trascendencia subterránea, sino más bien retratar desde una sencillez bastante naif pero extremadamente honesta la forma en la que el punk tocó la vida de tres púberas cualesquiera como aparentemente tocó la del cineasta.

No sé si exista un género musical más adolescente que el punk. Apuesto dos dedos a que nadie conoce a un tipo de 50 años que como parte de su crisis de la mediana edad haya decidido levantarse una colorida mohawk, ponerse unas Dr. Martens y bailar al ritmo de Sham 69. Eso simplemente no sucede y es que estamos aquí frente a algo que durante décadas ha fungido como rito de paso por el que muchísimos transcurren y al que unos cuantos se aferran con veinte uñas. Bobo, Klara y Hedvig, los personajes de ésta película, rondan los 13 años: la edad perfecta para defender causas perdidas que no entendemos; para creer que podemos saber lo que es el amor, para usar las ropas y peinados que nos avergonzarán en fotografías durante el resto de nuestras vidas, y para quejarnos de absolutamente todo, principalmente si representa algún tipo de autoridad. Es decir, la edad perfecta para empezar a cocerse a la piel la bandera punk.

Bobo y Klara son elementos bastante comunes en la escena. La primera tiene baja autoestima o por lo menos se considera fea y viene de una familia disfuncional modelo: vive con su madre quien busca encontrarse a sí misma a base de fiestas en su sala y hombres en su cama. La segunda podría ser una chica popular pero reniega de eso, aparentemente, al menos en parte, por herencia de su hermano mayor. Su familia es disfuncional a su manera, pues aunque sus padres viven juntos, en su casa se respira la vibra de un manicomio sin sedantes. Hedvig, en cambio, viene de una familia extremadamente religiosa (aunque nunca se sabe qué ha pasado con su padre), y es el único personaje cuyo ingreso a las filas del punk es retratado en el filme, invitada a la tribu por sus dos nuevas amigas. Además, la rebeldía de Hedvig es la única que conlleva un rompimiento directo con la autoridad que éstas chicas tienen más a la mano, y contra quienes profieren varias de sus maldiciones: sus padres.

Evidentemente no se puede pasar por alto el lugar de la música en una película como ésta. Dice Moodysson que eligió el soundtrack desde el guión y tuvo la suerte de lograr todos los derechos de las canciones que se había propuesto. Finalmente, él pasó por ese rito de transición que es el punk cuando tenía la edad de sus personajes y sabía perfectamente lo que ellas deberían amar con todas sus fuerzas. Los viejos punks aferrados descubrirán que Suecia es cuna de algo más que Refused en cuanto a este clan se refiere. Podrán tomar de aquí varios temas para su historial de rarezas entre las que, a mi parecer, predomina “Sex Noll Två” de KSMB cantada por Hedvig con su guitarra acústica. Por si fuera poco, cuando las chicas toman los instrumentos, nos enfrentamos a un golpe de realidad en cuanto a la plaga de bandas punk se refiere: la mayoría de ellas son insufribles y no pueden despertar en nosotros nada más que simpatía.

No es raro que tres adolescentes tomen instrumentos que no saben usar y produzcan ruidos horribles. Tampoco es nada del otro mundo que con el tiempo el ruido se torne en algo cuando menos decente. Lo brillante aquí es que esto forma parte de una atmósfera de congruencia creada por el cineasta que busca acercarse a la subcultura sin negar sus poses y contradicciones. Las chicas tienen en su vocabulario cotidiano palabras como “conservador” y “fascista”, y las usan casi como muletillas.  Probablemente no estén completamente enteradas de los posibles efectos de la guerra nuclear pero están totalmente en contra de ella. La primera canción de su banda es, obviamente, una mentada contra el sistema que las oprime en su pequeño mundo: un cántico contra la clase de deportes que afortunadamente termina cobrando bastante sentido como una crítica a la importancia que algunas personas le dan a los marcadores por sobre problemas que, al menos las chicas y yo, consideramos de mucha mayor relevancia.  Otras veces, sus declaraciones no son tan afortunadas y en las actuaciones podemos ver a personajes que se quieren tomar en serio a sí mismos pero saben que no cuentan con las herramientas para hacerlo y optan por el disfraz del tono alzado. Esta intención de honestidad del director se manifiesta abiertamente en su uso constante de la cámara en mano, los jump-cuts y el uso brusco del zoom que le dan a la película un aire de documental, como para decirnos que lo que ves es lo que hay; realismo sin vergüenzas.

¿Es ¡Somos lo mejor! una película de formación? Es, indudablemente, una película sobre la amistad, pues hay traiciones, encuentros, perdones y conmovedoras dosis de camaradería. Es, y metería las manos al fuego por esto, una película sobre el punk, no sólo porque los personajes son parte de la tribu sino porque, bajita la mano, se ubica claramente en una época en la que muchos buscaban asesinar dogmáticamente al género para dar lugar a su hijastro, el post-punk. Creo que también es una película sobre la adolescencia no sólo porque se centra en tres personajes en esa etapa de la vida sino porque en su presentación de los adultos parece estar gritando que no existe la madurez. También vemos todo lo que ese tormento hormonal acarrea además de la infaltable primera borrachera. Pero para ser un filme de formación necesitaríamos que el cambio que lo que ocurre en esta historia produce, y que definitivamente marca la vida de los personajes para siempre, significara un gran paso hacia la edad adulta, y no es así. Bobo, Klara y Hedvig logran un entendimiento del punk y un afianzamiento del valor de la amistad, pero, como queda claro en las últimas secuencias, les queda mucha adolescencia por disfrutar.

Cuando las chicas pisan el escenario vemos una muestra a escala de lo que fue el punk y ya no es: insultos a la audiencia, gritos de guerra pedantes e incluso se ven volar algunos escupitajos como en los videos de las tocadas de los Sex Pistols. Cuando están abajo vemos una muestra de lo que el punk debía ser: seres humanos comunes y corrientes que nada tenían que ver con estrellas de rock. En el contraste con los chicos a los que Bobo califica como “punks de centro comercial” vemos que aunque ellas no salgan en revistas llevan la esencia básica del punk, contradictorio e inmaduro, en la sangre. La amistad le gana al qué dirán y la transgresión pura y adolescente se abre paso para lograr lo más importante para las tres chicas de la banda: pasarla bien.

 
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