Reseña, crítica Submarino - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Submarino
Submarino
 
Dinamarca-Suecia
2010
 
Director:
Thomas Vinterberg
 
Con:
Jakob Cedergren, Sebastian Bull Sarning, Peter Plaugborg, Gustav Fischer Kjærulff, Mads Broe Andersen,
 
Guión:
Tobias Lindholm, Thomas Vinterber, Jonas T. Bengtsson (novela)
 
Fotografía:
Charlotte Bruus Christensen
 
Edición:
Andri Steinn, Valdís Óskarsdóttir Duración:
105 min
 

 
Submarino
Publicado el 17 - Jun - 2010
 
 
Thomas Vinterberg delinea un drama social en las capas sociales más vulnerables de Copenhague. Enclaustra a los personajes en las consecuencias de los actos de sus padres y, aún sin ofrecer salida, sabe darles un poco de esperanza. - ENFILME.COM
 
por Sofia Ochoa Rodríguez

Submarino (2010) es un calvario deliberado. El título, que no se explica en la película, fue tomado de la novela en la que está basada. Se refiere a un tipo de tortura en el que se mantiene a la víctima bajo el agua. Thomas Vinterberg delinea un drama social en las capas sociales más vulnerables de Copenhague. Enclaustra a los personajes en las consecuencias de los actos de sus padres y, aún sin ofrecer salida, sabe darles un poco de esperanza. La cercanía de la cámara a sus historias hace que la experiencia del espectador sea igual de aflictiva, no sin dar espacio para breves respiros que le permitan continuar y una no hablada promesa de cierta manifestación de divinidad.

El blanco casi absoluto de las primeras escenas determina las condiciones en las que se establece un pacto de amor entre Nick (Cedergren), su hermano menor (Plaugborg), y su hermano recién nacido. Bajo la pureza de las sábanas, esa reducida iglesia-fortaleza, tienen el espacio justo para que sus alientos se mezclen, se reconozcan minuciosamente los rasgos y se toquen. El amor también es cercanía. Las delgadas capas de algodón son suficientes para protegerlos de las inclemencias del mundo exterior y así, en un espacio divinizado, ritualizar su identidad con un bautizo improvisado. El frío clima nórdico con su cielo siempre gris es más amable que el trato que les brindan sus allegados. El abandono emocional y la negligencia de su madre alcohólica los ha orillado a vivir en la miseria. Cuando los genes trágicos comienzan a manifestarse, –los dos adolescentes beben una botella de vermut que roban a su madre–, el bebé que con tanto empeño cuidaban, muere asfixiado en su cama.

Después de este breve prólogo –comparado con el de Anticristo (2009), de Lars von Trier, en el que también la muerte de un bebé marca el destino de sus dos protagonistas-, la narración da un salto a la adultez de los dos hermanos. Vinterberg se formó como un especialista de la precariedad. En 1995, junto con von Trier, escribió el manifiesto del Dogma 95. Y el primer ejercicio bajo estos preceptos, Festen (1998), una escandalosa develación de la hipocresía burguesa en el seno de una familia danesa, lo lanzó a la fama y le dio un Premio del Jurado en Cannes. En Submarino, los escasos recursos dotan de realismo a las imágenes y balancean la complejidad con la que el tiempo es manejado. A través de flashbacks se cuentan por separado las vidas de los dos protagonistas hasta el momento en que el azar y la desgracia los confronta indirectamente con la muerte del bebé. Los episodios narrativos tienen que ser hilados por el espectador a través de detalles como si de un rompecabezas se tratara.

La vida de Nick es sin duda la más poderosa en la pantalla, en gran parte por la actuación de Jakob Cedergren. Recién salido de la cárcel, bebe la mayor parte del día, se acuesta de vez en cuando con una vecina alcóholica que tiene prohibido ver a su hijo, va al gimnasio para mantener los músculos que lo hacen sentirse protegido y pasa el tiempo con un sociópata obeso. Lo curtido de su aspecto constrasta con su frágil personalidad. Como héroe clásico, los síntomas de su culpa se manifiestan a través de padecimientos físicos, específicamente, una infección en la mano.

La historia de su hermano, a quien Vinterberg decidió no darle nombre, está marcada por su adicción a la heroína, el desempleo y el amor que le tiene a su hijo Martin de unos cinco años. Martin es interpretado por Gustav Fisher Kjærulff que le da un matiz extraordinario al papel: parece no darse cuenta de que su padre tiene el semblante –a veces de manera falsa y exagerada– de un zombie por el efecto de las drogas. Se emociona ante su presencia, la expresión se le nubla cuando no está.

Todos los personajes pelean contra el dolor al que su origen los ha condenado y vuelven a caer ante las redes de su destino. Los intentos por trascender su situación coinciden con los de sacralizar el amor por los otros. Pero todos acaban vencidos por su capacidad sobrehumana para fracasar. Tanto con ellos como con los espectadores, en la misma línea que von Trier, Vinterberg es manipuladoramente inclemente.

 
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