Cuando Peter Jackson compró los derechos de uno de los best seller de 2002, The Lovely Bones, novela escrita por Alice Sebold, no sabía qué camino tomaría al involucrarse en la historia de un asesinato.
Un 3 de diciembre de 1973, Susie Salmon (Saoirse Ronan) camina de regreso a su casa cuando en medio de un atajo es interceptada por su vecino George Harvey (Stanley Tucci), un señor de cuarenta y tantos años, de aspecto raro, que la invita a un sótano aislado construido por él mismo en el campo. Ella baja las escaleras y las cosas no terminan del todo bien; de hecho, concluyen trágicamente mal. Sin embargo, la narración no describe gráficamente la manera en la que Susie fue asesinada y mutilada por su vecino. Más bien, cuenta cómo a Susie, desde su propio purgatorio, le es imposible abandonar a su familia en espíritu.
La cinta se estructura en dos ejes, el primero sobre la vida llena de amor que Susie tuvo antes de morir, y el segundo sobre el “casi cielo”, donde añora estar con su familia, aunque la sangre ya no corra por sus venas. Es por esto que la historia transmite una sensación agridulce, entre la impotencia ante la brutalidad acontecida (cuando Harvey asesina a la adolescente) y la valiente forma en que Susie acepta su realidad: estar alejada de los que ama. La película, pues, te conecta con una ola de sentimientos opuestos.
Lo mismo provoca el soundtrack de The Lovely Bones, de canciones energizantes con letras tristes compuestas por bandas de rock & roll; es decir, la atmósfera que reproduce la banda sonora, refuerza el ambiente generado por las acciones que vemos en pantalla.
Brian Eno y Leo Abrahams fueron los responsables de la música original de la película, y resultaba difícil pensar que si el músico, compositor, cantante y, precisamente, creador del género ambient, decidiera involucrase en la concepción del score de una cinta, no terminara siendo seducido por la posibilidad de participar también en el soundtrack. Exmiembro de la banda glam rock, Roxy Music, Eno contribuye con tres tracks, uno de ellos el gran hit “Baby’s On Fire”, que incorpora una serie de riffs distorsionados, aislados unos de los otros, pero que Eno logra dirigir hasta un inesperado e imponente final.
El country pop del dúo americano The Bellamy Brothers, permite el flujo del amor con “Let Your Love Flow”. De sombreros, bigotes y chalecos, esta pareja te asegura que el amor llegará a ti, y legitima su música con una melodía sencilla, de cambios básicos entre una guitarra acústica y una eléctrica, dejando una sonrisa genuina en los labios.
Éxito tras éxito, la banda sonora recurre al rock setentero. “It’s All Over Now, Baby Blue” arranca con la guitarra acústica del cantautor inglés Graham Bonnet a la que se le suman sus eufóricos cantos, su especialidad. Cover de Bob Dylan y lanzado en 1977, transmite un estilo rockanrolero muy similar al de los Credence Clearwater Revival. De mismo nombre pero de diferente discurso musical, Graham Parker, el front man de la famosa banda Graham Paker & The Rumour, se une con “Hey Lord, Don’t Ask Me Questions”, una mezcla bastante interesante: vocalista de actitud y esencia punk, acompañado por trompetas y saxofón, al que se le une un piano jazzero. La combinación puede leerse exótica, pero el resultado definitivamente puede conquistar tu catálogo musical.
La voz ópera en “Alice”, a cargo de los escoceses Cocteau Twins, se une a los teclados misteriosos que le permiten contar a Susie Salmon su historia desde el purgatorio. Secuencia que recorre los momentos más viscerales de la tragedia, cuando está a punto de revelarse la evidencia de su asesino.
La banda sonora de The Lovely Bones recupera los sentimientos que suscita el propio relato, desde la vida que apenas florece para Susie, pasando por una traumática experiencia, hasta una tranquilidad que llega después de aceptar la muerte. Es decir, esta compilación reúne tonos alegres y tristes, que finalmente desembocan en un contexto de resignación y mera satisfacción.