Top 10 La escultura en el cine - ENFILME.COM
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La escultura en el cine
Publicado el 15 - Ene - 2019

 
 
Top10: La representación de la escultura a lo largo de la historia del cine. - ENFILME.COM
por Luis Fernando Galván

«Si las artes plásticas se sometieran al psicoanálisis, la práctica de embalsamar a los muertos podría convertirse en un factor fundamental en su creación. El proceso podría revelar que en el origen de la pintura y la escultura se encuentra un complejo de momias. La religión del antiguo Egipto, respecto al tema de la muerte, consideraba que la supervivencia dependía de la existencia continua de lo corpóreo. Así, al proporcionar una defensa contra el paso del tiempo, satisfizo una necesidad psicológica básica en el hombre, ya que la muerte no es más que la victoria del tiempo. Preservar artificialmente el aspecto corporal es arrebatarlo del flujo del tiempo, guardarlo limpiamente, por así decirlo, en la bodega de la vida. Era natural, por lo tanto, mantener las apariencias frente a la realidad de la muerte mediante la preservación de la carne y los huesos».

Lo que el crítico y teórico del cine André Bazin está argumentando aquí en el inicio de su texto Ontología de la imagen fotográfica es que en el corazón de las artes plásticas –pintura y escultura– está la necesidad de hacer inmortal al mortal; convertir la imagen de nuestra carne en arcilla, acero y pintura es transformarnos y preservar nuestro ser más allá de su existencia física. Esa es una de las características definitorias, o motivaciones innatas, en la producción de arte y artefactos, ya sea la momificación de los faraones, los retratos de reyes y emperadores, todo está íntimamente vinculado con “la preservación de la vida mediante una representación de la vida”. En este sentido, la escultura puede al mismo tiempo ser considerada como la más tradicional y la más innovadora de las artes visuales. Es una de las formas de representación más antiguas y más controvertidas. En su complejidad, la escultura es tanto el medio como el final de la producción.

Le sculpteur express
Dir. Segundo de Chomón, Francia, 1907.

Ubicado dentro de una habitación hecha para parecerse a un estudio de arte, un escultor trabaja la arcilla preparada por su asistente en un marco colgado en la pared, y moldea hábilmente una serie de caras que representan una variedad de personajes. Esta película representa parte de la evolución de Chomón desde el "cine de las atracciones" (que se centra en sorprender a la audiencia a través del engaño visual) hasta el cine basado en la trama, aunque esta pieza no está exenta de trucos. Chomón también usó una variedad de tomas a través de las cuales se podían observar los efectos, alejándose del uso exclusivo de la toma larga.

Mystery of the Wax Museum
Dir. Michael Curtiz, Estados Unidos, 1933.

Un enigmático escultor llega a la ciudad Nueva York con la esperanza de restablecer un Museo de Cera que perdió en un incendio en Londres. Según todos los relatos, la atracción debería ser un éxito, pero dos mujeres comienzan una investigación debido a que sospechan que el hombre asesina a sus modelos y los embalsama en cera para lograr la muerte en la vida. Filmado con el uso del proceso de dos-colores de Technicolor, el aspecto visual está repleto de composiciones verdes apagados y efectos de color increíblemente modulados. La película de Curtiz merece cierto elogio por sus increíbles efectos de maquillaje, las complejidades psicológicas de su villano y la total ausencia de una banda sonora intrusiva, un factor que acentúa la tensión cruda e inquietante de las secuencias del robo de cuerpos.

Il colosso di Rodi
Dir. Sergio Leone, Italia/Francia/España, 1961.

Es la historia de un héroe militar griego que decide formar parte de un grupo rebelde de soldados para derrocar a un rey tirano en el año 280 a.C. La película –que reúne muchos de los atributos de las películas épicas de finales de la década de 1950 y principios de 1960– marca la primera vez que Leone aparece como director en los créditos. El uso del formato de pantalla ancha le permite al realizador crear fascinantes composiciones en las que, si bien no es el protagonista del relato, siempre destaca “El coloso de Rodas”, la imponente escultura en mármol dedicada al dios griego Helios, que fue construida por el escultor Cares de Lindos.

La prisonnière
Dir. Henri-Georges Clouzot, Francia, 1968.

Stanislas Hassler (Laurent Terzieff) expone arte moderno en su galería, repleta de obras de sorprendentes formas, colores y texturas, y donde las exposiciones se convierten en eventos mediáticos. Gilbert Moreau (Bernard Fresson) es uno de los artistas cuyas esculturas se exhiben en la galería. Su esposa, Josée (Elisabeth Wiener), está intrigada por el severo Stanislas, que dedica su tiempo libre a la fotografía sadomasoquista. Esta extraña fascinación cautiva a Josée, quien pondría en peligro su relación con Gilbert al ser cómplice de las obsesiones mórbidas de Stanislas. Lanzada en 1968 en el apogeo del arte pop, la última película del director francés Henri-Georges Clouzot es un vibrante esfuerzo del cineasta envejecido y enfermo. Al retratar la relación incómoda que crece entre los personajes, el director recurre a una amplia gama de opciones estéticas como metáforas de la esclavitud, la libertad y la angustia; esculturas, pinturas murales decadentes y pantallas psicotrópicas le dan a Clouzot la oportunidad de explorar diversos estilos.

Môjû (Blind Beast)
Dir. Yasuzô Masumura, Japón, 1969.

En Tokio, un escultor ciego y su madre deciden secuestrar a una modelo. La mantienen prisionera en un almacén adornado con sus esculturas de ojos gigantescos, bocas, narices, senos, brazos, piernas y torsos, todo lo cual recreó a partir de los cuerpos que tocó cuando se dedicaba a ser masajista profesional. Él quiere esculpirla a través del tacto, pero en el proceso, la mujer se percata de las obsesiones e inseguridades del escultor por lo que decide entrar en su juego y aprovechar las perversiones del hombre para poder escapar de ahí. La aterradora sensibilidad del ciego está bien transmitida junto con la claustrofobia inducida por su enorme estudio desordenado. Y la apariencia respetable de su corpulenta madre, que se nutre de cada una de sus locuras, brinda un trasfondo de terror que refuerza las obsesiones del relato.

Savage Messiah
Dir. Ken Russell, Reino Unido, 1972.

“¡El arte es tierra, el arte es sexo, el arte es revolución!”, grita Scott Antony en la película de Ken Russell. Antony interpreta al artista francés Henri Gaudier-Brzeska, escultor precoz y miembro fundador de los Vorticistas, ese grupo efímero de artistas y poetas activos en la víspera de la Primera Guerra Mundial. El movimiento sobrevivió al hombre; Gaudier murió en 1915, recibió un disparo en las trincheras cuando sólo tenía 23. Las palabras pueden ser suyas o no: fueron escritas por Christopher Logue, cuyo guion se inspiró en la biografía homónima de Ede de Gaudier en 1931. Estas dos fuentes prestaron esta exposición de pequeñas obras, libros y obras efímeras, no solo su título, sino su ambición expansiva.

El artista y la modelo
Dir. Fernando Trueba, España, 2012.

Un anciano, Marc Cros (Jean Rochefort), escudriña una ramita singularmente retorcida que encuentra en el suelo, luego un nido de pájaro caído y, finalmente, un cráneo de pájaro que con delicadeza desempolva con los dedos. Tal atención en los detalles es esencial para la vida de este escultor de 80 años que reside en el sur de Francia en 1943 y recorre el campo en busca de belleza e inspiración, pues le resulta difícil continuar su trabajo desde que comenzó la guerra. En una visita de rutina al mercado, la esposa de Marc, Léa (Claudia Cardinale, radiante como siempre), nota a la bella Mercè (Aida Folch) y le ofrece refugio con la idea de que Marc podría usarla como modelo. La chica se siente cada vez más cómoda en presencia del artista, constantemente le formula preguntas sobre los términos y procedimientos escultóricos, y aunque él está inspirado por la inocencia de la joven, todavía se esfuerza por encontrar una pose adecuada para que ella encienda el fuego creativo (“la idea”, como él lo llama). El trabajo escultórico de Marc, al igual que la postura artística de la película (un diáfano blanco y negro), refleja un estilo que tiene un estricto apego a los estándares clásicos, quizá poco convincentes para la actualidad, sin embargo, Fernando Trueba elabora un filme sobre el profundo significado del acto de observar.

Camille Claudel 1915
Dir. Bruno Dumont, Francia, 2013.

Juliette Binoche interpreta a la artista titular, desterrada por su familia a un asilo remoto en el sur de Francia, rodeada de mujeres con discapacidades graves, y está claro que no pertenece a ese lugar. Sin embargo, la manifestación de su legítima frustración se está convirtiendo en una forma de locura en sí misma. Su vida se cuenta en fragmentos anecdóticos y la película se basa en la llegada de su hermano, el escritor Paul Claudel (Jean-Luc Vincent), un cristiano severo y devoto. Camille tiene esperanza, creyendo que Paul verá la inutilidad de su situación y la liberará de su infierno personal. Es un retrato muy diferente al de Isabelle Adjani en la película biográfica más convencional de 1988 de Bruno Nuytten, Camille Claudel. Binoche resalta la tragedia inherente de la incapacidad de Camille para expresarse artísticamente. El fuego, una vez reservado para el arte, ahora se desvía hacia la ira, la depresión y la culpa; ella es una mujer encarcelada en todos los sentidos.

Final Portrait
Dir. Stanley Tucci, Reino Unido, 2017.

Un joven escritor estadounidense, Jim (Armie Hammer), está de visita en París, ciudad en la que se hace amigo del escultor suizo, Alberto Giacometti (Geoffrey Rush), quien lo invita a posar para su próxima pintura. El novelista ingenuo encuentra a un anciano desgastado, pero alegremente sardónico que nunca está satisfecho con su propio trabajo. Lo que comienza como un retrato rápido se prolonga y se le pide al joven modelo que se quede una, dos y tres semanas mientras el artista lucha con sus propias inseguridades y deficiencias. Giacometti incursionó en el post-impresionismo y el surrealismo antes de irrumpir por su cuenta en un estilo único, pero siempre se negó a ser etiquetado en una tendencia, corriente o movimiento artístico. Final Portrait, un íntimo estudio del artista, captura esta personalidad errática; Geoffrey Rush está absolutamente poseído por el espíritu de Giacometti: vestido con un traje holgado, encorvado y fumando. El veterano actor insta al público a enamorarse de este artista melancólico antes de romper el telón para revelar a un hombre vanidoso y de corazón duro que no puede evitar revolcarse en los rincones sombríos de su estudio y esperar la muerte.

Rodin
Dir. Jacques Doillon, Francia/Bélgica/Estados Unidos, 2017.

A finales del siglo XIX y en el apogeo de su carrera artística, el escultor francés, Auguste Rodin (Vincent Lindon), trabaja arduamente en su siguiente trabajo: La puerta del infierno, un grupo escultórico monumental inspirado en las obras literarias de Dante, Ovidio y Charles Baudelaire. Una de sus más cercanas discípulas –y también amante–, Camille Claudel (Izia Higelin), es una inspiración. Sin embargo, ella –sumamente talentosa– se siente usada y decepcionada al ver cómo su potencial se desperdicia al ser sólo la mano derecha del famoso artista, en lugar de seguir su propio camino y hallar su estilo personal. Ante la inminente ruptura de maestro y alumna, Rodin comienza desesperadamente a seducir a sus bellas modelos con el objetivo de saciar sus impulsos sexuales y hallar la inspiración necesaria para continuar trabajando. En un principio, el director se aproxima con detalle al proceso creativo del artista; con frecuencia vemos a Rodin esculpir, pero el director se empecina en confeccionar secuencias que no implican nada más que a un Rodin intranquilo quejándose en sus intentos por perfeccionar sus estatuas, frunciendo las cejas y arrojando con ira sus materiales cuando nota las imperfecciones de sus yesos, bronces o mármoles.

 
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