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FICHA TÉCNICA
Tiempo compartido
Tiempo compartido
 
México/Holanda
2018
 
Director:
Sebastián Hofmann
 
Con:
Luis Gerardo Méndez, Miguel Rodarte, Cassandra Ciangherotti, Montserrat Marañon, Andrés Almeida, RJ Mitte
 
Guión:
Sebastián Hofmann, Julio Chavezmontes
 
Fotografía:
Matías Penachino
 
Edición:
Sebastián Hofmann
 
Música
Giorgio Giampà
 
Duración:
96 min.
 

 
Tiempo compartido
Publicado el 30 - Ago - 2018
 
 
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
  • Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (?el infierno es el otro?) con pinceladas de comedia negra; todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ?discreto encanto de la burguesía?.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Video. Ve aquí nuestra Entrevista con Sebastián Hofmann, director de Tiempo compartido

En su primer largometraje de ficción, Halley (2012), Sebastián Hofmann evidenció su capacidad para crear una melancólica atmósfera de sufrimiento existencial sobre un hombre que, transitando en el mundo de los vivos, quiere ocultar las texturas grotescas de su cuerpo que se encuentra en pleno estado de descomposición. Si en su ópera primera aludió directamente a los tropos del body-horror de David Cronenberg (exhibición de inusuales alteraciones del cuerpo humano), seis años después, en su más reciente filme titulado Tiempo compartido (2018), el realizador mexicano no teme hacer referencia al absurdo y el horror surrealista de Luis Buñuel, David Lynch e incluso Stanley Kubrick para incrustarlos en el México contemporáneo y, a partir de las dinámicas cotidianas que implican las vacaciones en un destino aparentemente paradisiaco, confeccionar un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de conspiración pasando por el horror sartreano (“el infierno es el otro”) con pinceladas de comedia negra. Todo ello con la intención de reflexionar en torno a las perversidades del capitalismo en el que las corporaciones actúan como vampiros postmodernos para vender ilusiones e idilios a una clase media que aspira -y ambiciona- llegar al otro nivel, al de la élite, para saber cómo se siente ser parte del ‘discreto encanto de la burguesía’.

Pedro (Luis Gerardo Méndez) -en compañía de su esposa Eva (Cassandra Ciangherroti) y su hijo- llega a Everfields, un exclusivo resort de alta categoría en Acapulco. Los primeros intercambios de palabras entre la joven pareja permiten descubrir que ha sido un año extenuante para ambos, por lo que una semana completa de descanso y relajación es necesaria. Poco después de registrarse, Pedro está alarmado y molesto al darse cuenta de que otra familia -encabezada por Abel (Andrés Almeida)- cuenta con una reservación para habitar la misma villa. Ante la imposibilidad de resolver el fiasco ocasionado por la compañía hotelera, Pedro se ve orillado a compartir su espacio con los desconocidos que rápidamente comienzan a actuar de manera afectuosa y cordial para ganarse la confianza del joven. Precisamente a Pedro le han asignado a Gloria (Montserrat Marañón), una gerente de ventas, cuya misión es acercarse a los vacacionistas primerizos para seducirlos y convencerlos de adquirir membresías para que pronto puedan a volver a disfrutar del paraíso tropical.

El guion de Tiempo compartido -escrito por el propio director y su habitual colaborador, Julio Chavezmontes- opera en niveles profundamente psicológicos y reconocibles no únicamente para aquellos que hayan pasado algún periodo vacacional en un resort de lujo, sino para todos aquellos que, de alguna u otra manera, se sienten incómodos cuando deben compartir tiempo y espacio con otro, con un desconocido. La estrategia de los guionistas consiste en eliminar todas esas capas de culto y felicidad de estos paraísos para transformarlos en una pesadilla kafkiana en la que la ineficiencia burocrática y la alta presión de las ventas arrojan a individuos comunes y corrientes a una espiral de angustia, desesperación y locura. Es un mundo en el que todos ofrecen una disculpa sincera acompañada de una sonrisa, pero que no hacen nada para corregir las cosas, lo que provoca una sensación enfermiza de frustración y ansiedad para el personaje y el espectador.

La opresiva y claustrofóbica comunidad de tiempo compartido llamada Vistamar es propiedad de Everfields International, una especie de compañía fantasma supuestamente con sede en Tucson, Arizona, que -al igual que muchas empresas estadounidenses- utilizan una retórica viciada y repetitiva para prometer diversión, comodidad y alegría a los vacacionistas. Sin embargo, la propiedad, la función y el propósito del complejo nunca se revelan claramente, excepto a través de sugerencias e insinuaciones. Ante este escenario, uno se pregunta: ¿Qué tipo de poder ejerce Everfields -cuyo logotipo, una pirámide, bien podría ser una alusión a los Illuminati o a alguna otra secta secreta y perversa que todo lo ve- sobre Gloria para que ella permanezca “encadenada” a su trabajo? No está claro, pero parece que les han prometido un medio para resolver una tragedia familiar del pasado haciendo una especie de penitencia corporativa. Hofmann recurre precisamente a estos dos personajes para sumergirnos en las dinámicas del hotel y poder ingresar en los espacios exclusivos para los empleados. Mientras la carrera de Gloria está despegando, la de Andrés se encuentra en plena decadencia. Instruida por el malévolo y carismático maestro de la manipulación, Tom (RJ Mitte), Gloria comienza a practicar una serie de discursos orales para poder enganchar a sus posibles víctimas; su táctica, aprovechar las tragedias personales para convertirlas en oportunidades de sanación. Pero ese poder de la persuasión que tanto anhela la mujer es completamente lo opuesto a la timidez, el miedo y el andar cabizbajo de su esposo Andrés (interpretado por un Miguel Rodarte que es sumamente reservado, pero profundamente inquietante y completamente impredecible), quien, después de sus constantes alucinaciones -en las que un flamenco rosa es protagonista-, se ha visto obligado a consumir píldoras y mantener un perfil bajo para no perder su trabajo ni llamar la atención de los huéspedes. Con frecuencia lo vemos trabajando en los servicios de lavandería -una especie de inframundo gobernado por la oscuridad y la suciedad-, transitando la parte inferior laberíntica en movimientos mecánicos marcados por una larga jornada de trabajo y en un estado de perpetua alienación.

Hofmann exhibe un dominio magistral para crear un estado de ánimo completamente opuesto al de la supuesta experiencia optimista que se les promete a los invitados. Esta incomodidad se ve amplificada por el brillo ominoso del cinefotógrafo Matías Penachino (El placer es mío, 2015), quien recurre a una iluminación de alto contraste en tonalidades azules, moradas, verdes y rojizas para configurar un ambiente hiperrealista, haciendo que el complejo palaciego se vea simultáneamente seductor y siniestro. Incluso, los espacios de este complejo a menudo recuerdan la arquitectura fascista específicamente en la forma en que las líneas verticales, horizontales y diagonales se cruzan para crear imponentes geometrías -marcos dentro de otros marcos- y mostrar cuán insignificantes son los personajes en este universo, cuyos procedimientos y sistemas son difíciles de comprender para Pedro y Andrés.

Al ser una fuerza amenazante que despierta premoniciones malvadas de las sombras, la música del compositor Giorgio Giampà -una reminiscencia de los estridentes pasajes sonoros al interior del hotel Overlook en The Shining (1980)- es definitivamente el aspecto más explícito y reiterativo por tratar de establecer la película firmemente dentro del horror. Aunque insistente y adelantándose a las acciones, la música forma parte de las hábiles maquinaciones para guiarnos a lo largo de una narración que juega con nuestras expectativas por tratar de descifrar el enigma: si alguna entidad sobrenatural se revelará o si estallará una neurosis en los involucrados. A pesar de ello, Tiempo compartido no es una película de terror, pero descansa incómodamente en la zona de las extremidades psicológicas de la paranoia y la neurosis frecuentada por Roman Polanski en la trilogía de los departamentos o en Pi (1998) de Darren Aronofsky.

Al transitar de un género a otro, Hofmann sabe cómo dejarnos con un sentimiento de confusión, incomodidad y malestar reprimidos. La comedia inofensiva se convierte en una sátira ágil para los dueños del hotel que juegan cínicamente con los sueños de sus invitados, prometiéndoles el cielo en la tierra. Pequeños detalles como los promocionales audiovisuales en las pantallas de plasma y en los televisores (medios de comunicación fríos y abiertos al simulacro) se integran a la narrativa del filme como postales de lo absurdo al declarar una serie de mantras vinculados a la felicidad. Este énfasis en la repetición, el trauma y lo abyecto es visto con el prisma distanciador del humor, que, por una parte, esconde el dolor y la desilusión y, por otra, cobija a los desdichados seres humanos bajo un manto de piedad y compasión. Así, Tiempo compartido es un ejemplo de cómo, en el absurdo y el escándalo de nuestro mundo, lo surreal ha pasado a ser costumbrismo.

 
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